El presidente de la ciudad de Ceuta, el señor Vivas, al que la realidad política del Psoe lo está poniendo en su lugar, está recibiendo el pago que él mismo se ha buscado con sus pactos para llegar a, la presidencia. La imagen que ofrece es la de ser una buena persona. En estos días a punto de echarse a llorar hemos visto su rostro. Si algo nos ha dado el señor Vivas es una enorme pena ante lo que estaba viviendo, e imagino que sufriendo. Debe estar arrepentido de sus juegos políticos de poder, pero ya no tienen solución. Le hemos visto mayor, cansado, con los suficientes años vividos como para que no lo engañen, y confiado con las palabras de los socios de gobierno. Pero, desde hace un par de semanas se siente engañado, ninguneado y hasta puteado. Llamó tres veces a Moncloa, pero no lo pusieron con el presidente. Lo negaron como Pedro.
Recibió en Ceuta a ministros y presidente del Partido Socialista, y solo recibió mentiras, excusas y las promesas de siempre. Ni un abrazo, tanto como los necesitaba en ese momento en el que veía a su ciudad, en la que viene gobernando con el Psoe, invadida por más de setenta mil personas. De las que, según sus palabras, aún quedan en la ciudad entre ocho y diez mil de los que asaltaron la frontera.
Y buscó el apoyo del rey.
Se desplazó a Mallorca donde veranea el titular de la casa real. (No se ha dado a conocer si navegó en el yate con Felipe y si ganó alguna regata). Según cuentan las crónicas, el presidente ceutí salió satisfecho. El rey visitará Ceuta, dijo a la salida de la visita. Algo había cambiado en su cara. No era una sonrisa amplia, cierto, pero el gesto adusto que se le ha visto en días anteriores, ante las visitas y el ninguneo de los ministros de Pedro Sánchez, el jefe de sus socios en el gobierno de la ciudad, había desaparecido.
La terca realidad de esta España no es la que desea y quiere el señor Vivas, pero tampoco la que pueda querer el rey. La realidad de esta nación la dicta un presidente que no es capaz de defender nuestras fronteras, que ha vendido el Sahara, que ha llenado de corruptos su gobierno y su partido, y que ante la petición de que el rey visite Ceuta, salta la palabra del rey: “Iré a Ceuta si me deja Pedro Sánchez”.
¿Lo dejará? Es la pregunta que se hacen los ciudadanos normales, los de a pie, los que todavía creen en la libertad de las instituciones y de los ciudadanos. Y no es así. La gran prueba es que tenemos un rey que no puede viajar libremente por las tierras de su reino, que tiene que ser un presidente de gobierno, que se mantiene gracias a los votos de los delincuentes catalanes, los racistas vascos y los que defienden el asesinato de más de ochocientos españoles, el que le diga si puede ir (o no) a la ciudad española de Ceuta.
Debe ser muy triste ser rey en esta España si de verdad se siente a esta tierra y el dolor de sus gentes. ¿Las siente así Felipe VI?