Opinión

Es un holograma

Rafael M. Martos | Domingo 09 de agosto de 2026
Hay descubrimientos científicos que no nacen en los laboratorios de la NASA, sino en los gabinetes de comunicación del Gobierno, que han logrado la última proeza de la física moderna en el palacio de La Mareta, en Lanzarote, donde el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha reunido por videoconferencia a su equipo para abordar la situación migratoria en Ceuta (en realidad, el tema como hacerle la puñeta a Italia porque Italia nos la ha hecho a nosotros por culpa de Marruecos, pero a Marruecos no se le puede hacer la puñeta ¿ven lo complicado que es todo?). Hasta ahí, la liturgia veraniega habitual. La sorpresa llega cuando se examina al detalle la imagen oficial difundida por La Moncloa y se comprende que el jefe del Ejecutivo no es un político de carne y hueso, sino el primer presidente holográfico de la historia democrática.

La fotografía merece un análisis casi forense y así se ha hecho en todos los medios... pero no parecer haberlo hecho la Agencia EFE que es la encargada de distribuirla ¿también de hacerla? En la instantánea, Pedro Sánchez aparece deslizando con aplomo un ratón óptico directamente sobre la superficie translúcida de una mesa de cristal. Ese es el primer dato que nos desvela que estamos ante algo sobrenatural, porque ya les digo yo que mi mesa habitual es de cristal, y el ratón óptico solo colea en su alfombrilla, que es así de caprichoso. Pero para el presidente no hay leyes de la óptica que valgan.

Pero seguro que ya saben que hay más:
  • La pantalla o monitor desde la que sigue la sesión carece de un solo cable a la vista —ni alimentación, ni señal de vídeo, ni red—, alcanzando un hito en la transmisión inalámbrica de energía eléctrica que ya quisieran para sí en Silicon Valley.
  • La cuadrícula que alojaba las intervenciones de los ministros conectados —Margarita Robles, Fernando Grande-Marlaska, Elma Saiz, Sira Rego y Ángel Víctor Torres— lucía descuadrada y fuera de perspectiva.
  • Y, como guinda del pastel, debajo de la transparente mesa de escritorio, las piernas y los pies del presidente sencillamente han desaparecido de la escena.
En el verano de 2021, una fotografía similar desde el mismo despacho de La Mareta causó sensación en las redes por dejar al descubierto sus alpargatas en plena crisis de Afganistán. Cinco años después, la estrategia del equipo de retoque gráfico de La Moncloa ha sido tajante: amputación digital de cintura para abajo. Sin extremidades inferiores no hay debate sobre el calzado estival.
Durante años se ha repetido que Pedro Sánchez es un dirigente que no tiene «los pies en el suelo». Lo que nadie sospechaba es que se tomarían la metáfora al pie de la letra. ¿Para qué necesita piernas un ser de luz proyectado mediante láser sobre la moqueta de Lanzarote? El presidente flota. Flota sobre la mesa de cristal, flota sobre la gestión política y flota sobre la realidad cotidiana.

En Almería, donde el sol no perdona las sombras falsas y la vida diaria exige pisar el terreno con firmeza —ya sea para bregar con los costes de producción en el campo, exigir el agua necesaria o reclamar las eternas infraestructuras ferroviarias al Estado y a la Comunidad Autónoma de Andalucía—, resulta desternillante contemplar esta política de ficción fotográfica. Mientras en el sur peninsular la ciudadanía lidia con los problemas de la gravedad, la presidencia del Estado ha alcanzado un estado gaseoso e incorpóreo.

La evolución del representante público ya no pasa por pisar el barro, sino por proyectarse en tres dimensiones sobre un escritorio de cristal. Pedro Sánchez inaugura la era de la telepresencia fantasma: un gobernante que no necesita cables para conectarse, ni alfombrilla para mover el ratón, ni piernas para sostener la gobernabilidad.

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