Opinión

Si hubiera habido transición

Rafael Sanmartín | Martes 11 de agosto de 2026

La llamada “Transición Democrática” se festejó y todavía hay quien defiende la fiesta, como si realmente aquello hubiera sido una transición a la democracia, cuando en realidad sólo fue una transacción de intereses políticos dónde se escondían los económicos. Cuando se decía, más si se criticaba, por más datos y argumentos que se dieran, nos llamaban retrógrados, “estábamos boicoteando la democracia” y hasta pagados por la derecha.

La transición a la democracia, una transición pacífica, pero limpia y verdaderamente democrática, era uno de los principales objetivos, quizá el más importante, de la Junta Democrática, impulsada por algunas personalidades de peso en la política, sin ser políticos, como el notario demócrata Antonio García Trevijano y Rafael Calvo Serer, monárquico crítico, creada el 29 de julio de 1974 a imagen y semejanza de la Mesa Democrática de Andalucía, por estas personalidades, Asamblea Socialista de Andalucía (Más tarde PSA y PA) y Partido Comunista de España. Haber tenido que constituirla en París sería aprovechado tres años después por el todavía nonato PSOE, para acusarla de “no ser española”.

Como parte indisoluble de este principal objetivo, la Junta Democrática exigía una ruptura con las estructuras de la dictadura, para crear algo totalmente nuevo con un periodo constitucional para ser plenamente democrático. Aquello se llamó “ruptura democrática”. En la Junta se integraron varios grupos y personas independientes: Partido Socialista Popular, Comisiones Obreras, Partido Carlista, Partido del Trabajo, o Justicia Democrática. Con posterioridad se fueron sumando otros, pero el Partido Socialista Obrero Español, recién ganado el Comité Central por el conocido como “Grupo de Sevilla”, formado a partir del despacho de abogados laboralistas, por Rafael Escuredo, José Ramón Alarcón, Felipe González, y otros, con relevancia en el nuevo partido, junto a Alfonso Guerra, quien sería vicesecretario del partido y vicepresidente del Gobierno.

La idea del grupo nucleado en torno a estos profesionales y algunas personas destacadas, fundamentalmente en Jaén y Euskadi, era terminar con el exilio del PSOE y su política que negaba legitimidad al régimen imperante. Y especialmente aprovechar el prestigio de la marca. Para ello contaron con la ayuda de las socialdemocracias de Alemania, Suecia y Venezuela, que les permitió instalarse cómodamente y obtener respaldo democrático por parte de los demás partidos, la mayor parte de la prensa y la inmensa mayoría de una población deseosa de alcanzar la democracia plena.

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Pero el PSOE, desde el primer momento, se destacó por una actitud prominente. Sin embargo, y pese ser un grupo muy pequeño, con bastante menos presencia real que ASA-PSA, PTE y por supuesto, PCE, los demás aceptaron en todo momento sus exigencias y lo hicieron hegemónico, cuando por fin la organización por ellos montada, la “Plataforma de Convergencia Democrática” accedió a unirse con la Junta para formar “Convergencia Democrática”, más conocida por “Platajunta”. Su primer acto fue oponerse a la presencia de personas independientes, anular por completo a García Trevijano, de quien ya se hablaba como posible presidente de un gobierno provisional, e impedir la presencia del PSA, como culmen de su negativa a aceptar la Autonomía para toda Comunidad que no fueran Cataluña y Euskadi, aunque finalmente admitieron la inclusión de Galicia en el grupo de los “preferidos”, en función del principio de origen stalinista, de considerar el idioma requisito imprescindible para “merecer” Autonomía. Sin embargo el punto 9 del Manifiesto fundacional de la Junta decía: “El reconocimiento, bajo la unidad del Estado español, de la personalidad política de los pueblos catalán, vasco, gallego y las comunidades regionales que lo decidan democráticamente”.

Con Trevijano fueron especialmente virulentos: para desprestigiarlo le acusaron falsamente de ser consejero de Macías, presidente de Guinea Ecuatorial, y haber creado la forma de la represión guineana. Hicieron esta acusación sin base, aprovechando que el acusado no podría defenderse, porque en aquel momento Guinea era materia reservada y estaba prohibido hablar de todo lo concerniente con aquella ex colonia. El PSOE estaba muy falto de militancia y su primitivo intento de aceptar la ley de asociaciones políticas del gobierno de Carlos Arias y participar en las elecciones a procuradores en Cortes, habría sido para ellos una oportunidad de destacarse, a costa de colaborar con la política del régimen anterior. La oposición de los partidos demócratas de izquierda y de derechas les hizo desistir. No obstante, debido a su presión, la idea de “ruptura democrática” fue abandonada y aceptada la de “ruptura pactada”. Eso supuso que las estructuras administrativas y políticas se mantuvieran íntegras y que la situación actual en ocasiones sólo sea un burdo remedo de democracia, porque los estamentos fundamentales, como el judicial o el administrativo, todavía estén dominados por adictos o residuos del régimen anterior. La política posterior coincidente, de UCD, PSOE y PP, basada en esa estructura, ha permitido que la alta economía siga decidiendo el devenir del Estado. Y el ingreso en la UE ha propiciado la invasión de grandes empresas europeas, que están terminando con la pequeña y mediana de Andalucía y enterrando su economía. Son cuestiones dignas de ser tratadas en futuras oportunidades.

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