Opinión

Los gatos

Juan Torrijos Arribas | Martes 25 de agosto de 2026

Ceuta está poniendo de moda y en primera línea de la noticia a los mininos. (A veces añoro a los que me esperaban cada mañana en la puerta del cortijo). No es de extrañar que esto ocurra cuando se habla de que desaparecen de las calles y de los lugares donde viven colonias de felinos de esta ciudad. ¿Se los comen? ¿Los dejan una noche al sereno? No sé dan datos de si esto está ocurriendo, no debe gustar a la autoridad pertinente, pero dejan el interrogante de esa desaparición, y eso, cuando miles de personas, dicen que, en torno a diez o doce mil se pasean por las montañas de la ciudad con hambre, te puede llevar a cualquier situación. Entre ellas a la desaparición de los gatos.

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Uno recuerda un bar en la periferia de la ciudad de Almería, allá por los años sesenta, a la que acudíamos a altas horas de la madrugada, tras una noche de farra y copas, a calentar y satisfacer el estómago. En aquel bar te ofrecían el mejor conejo al ajillo del continente.

Conejo, ajos, laurel, sal, vino blanco y a la sartén. Un placer.

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El bar está hoy cerrado, por lo que no tienen nada que temer. No solo era el disfrute de la carne, también una barra de pan y echar barcos a navegar en aquel mar de aceite. Te chupabas los dedos.

Corría el rumor de que aquel bar, así como también de otros en el entorno, durante los años duros de la posguerra y ante la falta de conejos, los gatos desaparecían de los contornos. Los dejaban al relente durante toda una noche, y te daban gato por liebre, en este caso por conejo. No vayan a pensar que teníamos miedo en aquellas visitas a que en la paila no fuera conejo lo que se servía, pero siempre había algún graciosillo en la peña que sacaba la historia de los gatos, y surgía algún aprensivo que a partir de ese momento dejaba de comer y de echar los barcos a navegar en aquel mar de aceite, con la alegría de los que no creíamos en viejas historias, creíbles o no, de aquellos duros tiempos de la posguerra civil.

Los más viejos del lugar, cuando hablabas de estas historias, te contaban que era cierto, que tras una noche al relente era complicado saber si lo que estabas comiendo era conejo u otra carne de felino. No les puedo confirmar si la he probado alguna vez, si lo hice, ni me enteré. Pero no creo que el bar de referencia al que nos referimos se atreviera a vender en aquellos años el viejo rumor extendido.

Lo que es cierto es que cuando te domina el hambre los melindres los dejas a un lado, y te comes lo que te pongan si preguntar qué carne tienes en el plato. Y si como se asegura se están dando ocho mil comidas diarias en Ceuta, y son más de diez o doce mil los que allí conviven con los ceutíes, ¿qué es lo que están comiendo esos miles restantes? A los policías y al ejército, lo dicen sus sindicatos, bocadillos de mortadela.

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¿Era lo que se comía en La Mareta durante las vacaciones del presidente, su familia y sus amigos?