Opinión

La feria de Diego

Juan Torrijos Arribas | Miércoles 26 de agosto de 2026

Diego Cruz, edil de cultura del ayuntamiento de Almería ha presentado su dimisión. Fran Colomina, el hombre del Psoe en la capital, el que le lleva los trastos de la memoria a Fernando Martínez, pedía a gritos el cese de Diego. Y nos parece bien, estaba en su derecho como oposición. Lo que lamenta uno es que no haga lo mismo con algunos de sus compañeros cuando son pillados con putas, cocaína y otras lindezas, pagadas con el dinero de los contribuyentes. Que Diego tenía que dejar el cargo era algo evidente. Y lo ha hecho. Pero no ve uno que en la acera de enfrente al Pp se lleve a cabo el verbo dimitir. En el Psoe no dimiten ni los condenados. Son amnistiados por tu jefe, los indulta o los manda a trabajar a alguna embajada española en el extranjero.

Estaba escrito que Diego era uno de los nombres que no contaba con demasiadas posibilidades para ir en la lista de María del Mar el próximo mes de mayo. Y que parte de esa culpa, miren por donde, puede tener la feria dedicada a la patrona de la ciudad. Cómo es bien conocido, a Diego se le retiró la responsabilidad de la organización de este y otros eventos, que fueron repartidos por distintas áreas del ayuntamiento. Y aquella feria, que de alguna manera marcó el futuro político del edil, la edición que se celebra este año ha visto como por su culpa, tiene que presentar la dimisión.

Culpa indirecta, es cierto, pero si no hubiera sido la feria, Diego no habría estado en el lejano recinto ferial, no se habría tomado unas copas con los compañeros, y la policía no le habría parado para un control de alcoholemia. La vida a veces tiene estas guasas. Y a partir de este año el señor Cruz podrá decir que la feria le ha gastado dos putadas. ¿Merecidas? Es lo que tendrá que analizar.

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La primera es subjetiva. No le gustó a la alcaldesa el trabajo que estaba desarrollando y le quitó el seguir organizando la mayor y más importante feria de la ciudad.

La segunda es objetiva. Bebió demasiado, es cierto que estaba en la feria, y que en la feria ya se sabe lo que ocurre, que se bebe. Empieza uno con el vino de Cariñena, copa y de las grandes, te pasas al pincho del abuelo con la cerveza, vas a tomar algo más sólido a algunas de las casetas, y acabas con las copas largas con los compañeros, y tan largas a lo largo de la noche. Y para que no le faltara el colofón a la noche de Diego, tuvo la mala suerte de que lo paró la policía. Le hizo soplar, y apareció el alcohol trasegado. Cese y a casa. Es lo que manda la política. Lo lamentable es que otros no sigan el mismo ejemplo en el Psoe, algunos con delitos tan graves o más como el de conducir con una copa de más en el cuerpo.

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