Opinión

Vuelve Fahrenheit 451

Rafael Sanmartín | Miércoles 26 de agosto de 2026

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A García Márquez le piratearon una de su novela “Memoria de mis putas tristes” a pesar de las medidas de confidencialidad ejercidas por la editorial y cuando salió a la venta ya llevaba tiempo vendiéndose en varios países de América. Los piratas no solamente la habían conseguido por encima del esfuerzo de la editora: se adelantaron y ya se vendía cuando se presentó la novela. Servidumbre de algo tan interesante y perfecto como es la informática. Al menos eso dicen sus forofos incondicionales.

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La supuesta “Inteligencia Artificial” (IA) sigue sin ser inteligente. Pero alguna revelación relevante ya se ha escapado, demostrando así lo frágil de su pretendida seguridad y el riesgo latente y muy grave, de que ese montón de datos, que no es un montón, en todo caso una de las montañas más alta del planeta, pueda seguir actuando por su cuenta y poniendo en peligro al mundo. Porque disfruta de una memoria portentosa, pero ninguna, absolutamente ninguna capacidad de raciocinio. Hay autores que están escribiendo encerrados con máquinas de escribir tradicionales, para evitar que lo creado pueda ser conocido, y por tanto copiado, justo en el mismo momento de ser tecleado en el ordenador.

Las novelas y películas adelantadas al futuro ya están aquí. Y la realidad siempre supera a la ficción. Veamos de qué es capaz. De momento, ya es un hecho, es capaz de acabar con la cultura en el mundo. Ya está acabando con ella.

Fahrenheit 451, el producto de la imaginación de Ray Bradbury, ya ha sido superado. En la obra literaria y en la cinematográfica, como réplica que fue de la novela, a lo más que llegaba era a montar grandes piras para ir acabando con los libros impresos. Una rememoración de la fobia de Cisneros en Bib Rambla, que tampoco había conseguido acabar con los libros, por más que eso pudiera enervar al colérico y soberbio sacerdote confesor de la reina, de “—Estos son mis poderes”.

Cisneros no lo consiguió. Bradbury lo representó y tampoco hubiera sido posible: todavía había afición a la cultura y mucha gente los escondía. Era la parte positiva de la historia. Lo de la IA es definitivo. O empezamos a guardar libros y si algunas organizaciones de amantes de la lectura comprenden su importancia y la necesidad de conservarlos, que ayuden, o la escasa inteligencia artificial está dispuesta a terminar con ella. El “aquí está todo”, es el fin de todo. Cuando eso quede institucionalizado ¿Quién se atreverá a editar un libro en papel en las condiciones que están imponiendo las empresas productoras de ese “milagro de la modernidad” que es la mal llamada “inteligencia artificial”?.

Los responsables de esas empresas están comprando libros. Sueltos o bibliotecas completas. “—Si ya la gente no los quiere ¿para qué los queremos?, si en internet está “tó”? Podrá estar todo lo conocido hasta el momento actual, pero se está cerrando la puerta al futuro. Los libros comprados en lotes a bajo precio para escanearlos cómodamente, se desencuadernan. Las hojas quedan sueltas, desunidas. Y una vez escaneadas, será para no encarecer más el proceso, no se vuelven a encuadernar ¿Para qué, si “aquí está todo”? Eso ya no son libros: es papel inútil, inservible. Y esas hojas con un contenido valioso en todas las disciplinas, son guillotinadas, o convertidas en tiras con la máquina de destruir papel. Su único destino posible, si no es el fuego, como en los casos real de Bib Rambla y ficticio de Bradbury, será el reciclado. Al menos los propietarios de las plantas de IA, tendrán la oportunidad de recuperar el dinero pagado por ellos.

Y la cultura ¿dónde queda¿ ¿Qué habrá sido de ella en un futuro tan próximo? Ya veremos, si lo llegamos a ver, qué se nos permite conocer de todo ese caudal de información reducido a datos para consulta.

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Intentos los ha habido. Esta es la definitiva. El fin de la cultura. Unas empresas tendrán en sus manos la posibilidad de permitirnos conocer datos, sólo datos. Pero ni literatura, ni historia, ni cultura. Sólo datos… en el mejor de los casos. ¿Lo vamos a permitir? ¿Es esa la formación e información que vamos a dejar a nuestros descendientes?

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