La última gesta naval española la ha encabezado Marcos de Quinto, ex alto directivo de Coca-Cola y efímero diputado de Ciudadanos, quien junto a aristócratas como Amalio de Marichalar ha fletado la llamada «Armada de la Solidaridad». Se trata de una flotilla de yates de recreo que zarpó hacia la Ciudad Autónoma de Ceuta con la supuesta misión geopolítica de enseñarle los dientes a Marruecos y reafirmar la soberanía española.
El momento cumbre de esta cruzada náutica llegó cuando Marcos de Quinto atendió a las cámaras de televisión micrófono en ristre y botellín en mano. Hay una ironía desbordante en el hecho de que alguien apellidado De Quinto decida hacerse a la mar agarrado a un tercio de cerveza. De Quinto con el tercio, no me digan que no da para el chiste fácil. Posiblemente el hombre oyó campanas sobre las hazañas imperiales de los Tercios de Flandes y, en lugar de empuñar la pica, prefirió pedir una birra en la terraza del puerto. Resulta entrañable contemplar cómo la defensa de la integridad territorial del Estado se reduce hoy a cruzar el Estrecho en embarcación privada, un yate, atracar en el puerto gratis, y lograr que el dinero público de la Ciudad Autónoma les financie la vianda y la bebida mientras disfrutan de un gratificante fin de semana de asueto. Mejor en ellos que en paguicas ¿no?
Asombra el desahogo con el que pretende dar lecciones magistrales quien ocupó los sillones más altos del poder corporativo de Coca Cola en España y Europa. Sin embargo, cuando decidió someterse al veredicto de las urnas para representar a la ciudadanía, los electores le mostraron la puerta de salida con notable firmeza. Quien no logró mantener el respaldo popular en la política activa busca ahora el aplauso liderando una escuadra de recreo. Defender la frontera sur a base de aperitivos en la cubierta de un yate es, desde luego, un sacrificio patriótico conmovedor.