Tras la entrevista (estreno de Aimar Bretos) en la SER hay que hacer un gran esfuerzo psicosomático para evitar la vomitera. Quizá, dada la magnitud de la indignidad e indecencia mostradas, como desahogo sería natural largar una andanada de improperios. Pero no. Eso es lo que él pretende. Su estrategia orbita en el mantenimiento de la tensión. Ya lo mencionó ZP con Gabilondo en otra memorable entrevista-masaje shiatsu: “Hay que mantener la tensión”. Siempre que exista una situación límite y un ambiente tensionado será, sin duda, el mejor escenario para un presidente que fundamenta su felonía en el deterioro de la convivencia.
En varias ocasiones se ha demostrado que a Sánchez le interesa esperar que pase algo (el deseo) y esperar a que pase algo (la reacción al materializarse el deseo). La diferencia estriba en que cuando se materializa el deseo, inmediatamente se administra la desgracia acrecentando la tensión ciudadana, encontrando culpables ficticios y llevando al límite la capacidad de resistencia.
Puede decir que esto es cosa de Rusia, Isrrael, la fachosfera, Elon Mask… En este arte de elaborar sospechas y amenazas supera a Franco. Al dictador sólo le obsesionaba la amenaza judeomasónica. Al sátrapa se le acumulan los fantasmas. Lo cierto es que Pedro Sánchez tiene el papel de una magdalena pegado en el rafe perineal: Marruecos.
Sánchez se ha doctorado -esta vez de verdad- en la provocación mediante la chulanganería, el desprecio y la traición. Además, se permite la licencia de desbarrar sin que la servidumbre periodística se atreva a rectificarle. A Aimar Bretos, en ese dúo susurrante de los borregos, le ha dicho ¡tres veces! Que el rey lleva veinte años como jefe del Estado. Hombre; un periodista de la Cadena SER, que se estrena con la entrevista al presidente del Gobierno de España, ha de pergeñarse con argumentos, datos, fechas y alguna referencia histórica reciente. Tampoco vamos a ser tan tiquismiquis como para exigir un periodismo de rigor, independencia, transparencia, veracidad, profesionalidad… y mucho menos se lo vamos a pedir a quienes acrisolan estas virtudes (PRISA). Sin embargo -otra vez- el rafe perineal queda expuesto ante ciertas magnánimas presencias y su dadivoso estipendio a los lacayos afines.
Para Sánchez es preferible perder Ceuta y lo que sea menester con tal de mantenerse el poder. Los asentamientos se van a cronificar. Ya hay zocos para estraperlo, ventas, alquileres, peluquería, telefonía, drogas, sustancias y reactivos químicos y tráfico con los víveres de Cruz Roja y otras oenegés internacionales expertas en desenlaces tumultuarios.
Los asentamientos, que ya adquieren evidente infraestructura estable, van a ser el punto de ignición para un desenlace que Pedro Sánchez esperaba que pasara y a que pasara. El argumentario está preparado. Al menor estallido, la reacción está preparada para su coral difusión: la derecha y la extrema derecha lo ha provocado: racistas, xenófobos, violentos… Y sacarán a pasear la crisis migratoria, la deshumanización ante los más desfavorecidos, la impasividad ante los niños desvalidos y las niñas amenazadas. Y volverá el PSOE sanchista a culpar al PP y VOX de esta “crisis humanitaria” con el único objetivo del bastardo beneficio electoralista.
No hay crisis humanitaria ni migrante. Es una invasión violenta que ha utilizado a presuntos inmigrantes ilegales para violar la integridad territorial de un país europeo fronterizo con África. La intención del país invasor (Marruecos) consiste en desestabilizar e impeler hacia el desplazamiento de la población autóctona para, como ya han afirmado autoridades alauís, proceder a la okupación de Ceuta aprovechando que es el momento propicio con un presidente que protege a Marruecos y traiciona a los españoles. Ya no hay que hablar sólo de ceutís. En estos momentos todos somos españoles, sin especificar gentilicios. Y si todos somos españoles, además de la felonía del gobierno y sus secuaces, existen otros que, quizá, sean los más execrables.
Es de esperar que Sumar, Podemos, Izquierda Unida y comunistas varios se plieguen a la servil dependencia del falaz discurso pánfilo. Ya los/las conocemos: mucho desfavorecido; pero vengan casoplones, cargos y sueldazos. Abandonad toda esperanza. De la ultra y extrema izquierda no cabe el más mínimo esbozo para salir de esta miserable etapa de gobierno. Otros partidos, a los que se les presume una historia y una trayectoria de gestión, tampoco se inmutan. Me pregunto qué ha de pasar; según dijo Pedro Sánchez: ¡qué coño tiene que pasar! Para que se termine con el más infame gobierno, incluido Fernado VII.
Las elecciones llegarán, o no. Pedro Sánchez prevé estados de excepción incompatibles con la celebración de comicios. PNV, Junts, Esquerra y otros saben perfectamente que esta es la pérfida estrategia de Sánchez. Habría que insistir en estas formaciones políticas interpelando hasta qué punto estarían dispuestos a dejar sangrar España por si acaso salvan los muebles en su infame connivencia con el felón. Moción de censura o artículo 102. Quizá ambas opciones al unísono. Dejar que Sánchez maniobre hacia una convocatoria electoral al uso se torna en un tránsito de escabrosas consecuencias.
Si las elecciones se celebrasen con la deseable normalidad, bueno sería que ya mismo, sin espera, los partidos como PP y VOX expusieran, sin ambages, las medidas que eviten la dinámica en la que nos encontramos. Hay que legislar enérgicamente contra la invasión. No se puede seguir con las políticas de proteccionismo. La convivencia entre invadidos e invasores es totalmente incompatible. No se puede estar continuamente con el argumento de los “pasillos humanitarios” a gente que ha delinquido al dar una patada en la puerta de una nación invadida.
Desde la geografía invadida se facilitan asentamientos, cobijo, víveres, atención sanitaria, logística, traslados, ayudas económicas… esto es una perfecta inducción hacia el efecto llamada, reventando la convivencia y la integridad territorial. Hay dos únicas opciones: o el invasor toma la plaza o al invasor se le reduce y se le expulsa.
Salimos al terreno de juego con un brazo en cabestrillo y una pierna atada a la espalda. Europa nos pide la inmediata devolución en caliente, pero nuestra legislación se mete en jardines que impiden salvaguardar nuestros propios intereses a causa de este infecto sectarismo de izquierdas.
Si los partidos con posibilidad de alternancia tienen mensaje, ¡que lo expresen ya! Hay que decir con claridad y sin maricomplejines qué vamos a hacer en lo sucesivo con nuestro país, con nuestra integridad territorial, con nuestras relaciones internacionales, con la inmigración ilegal y con la obligada inanidad de los Cuerpos y fuerzas de Seguridad Estado por un gobierno que prefiere la humillación a la defensa de nuestros valores y nuestro territorio.
Pedro Sánchez confía en mantener la tensión o, en su defecto, generar nuevas tensiones como ya lo hace arremetiendo contra la Corona para establecer el nuevo debate, posiblemente plebiscitario, sobre república o monarquía.
Y es que Sánchez es como un insignificante remedo de Chamberlain, al que W. Churchill le afeó: “Entre el deshonor y la guerra, habéis elegido el deshonor; y tendréis deshonor y la guerra”.