La investigación respaldada por la Consejería de Universidad, Industria, Energía e Innovación de Andalucía ha revelado que el aumento de la temperatura del mar podría comprometer la capacidad de las praderas marinas para actuar como reservas naturales de carbono. Este estudio realizado por la Universidad de Cádiz indica que, conforme se calienta el agua, disminuye la producción de materia orgánica resistente a la degradación, lo que afecta negativamente a estos ecosistemas en su papel frente al cambio climático.
El trabajo, que cuenta con la colaboración de instituciones como el Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo, el Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona y el Centro Leibniz de Investigación Tropical Marina en Alemania, se centra en el concepto de carbono azul. Este término se refiere a la capacidad de los hábitats costeros para capturar dióxido de carbono y retenerlo durante largos períodos, actuando así como sumideros naturales que ayudan a mitigar los gases de efecto invernadero.
A diferencia de estudios previos que se enfocaban en la materia enterrada en los sedimentos, este análisis pone énfasis en los compuestos liberados por las plantas al agua. Estos compuestos, conocidos como carbono orgánico disuelto recalcitrante, representan una reserva significativa que no había sido considerada adecuadamente en los cálculos tradicionales sobre carbono azul.
En el artículo titulado ‘Temperature-driven decline in recalcitrant dissolved organic carbon weakens coastal macrophyte’s blue carbon storage potential’, publicado en la revista Communications Earth & Environment, los investigadores han encontrado que tanto las reservas sedimentarias como las disueltas están en un orden similar. Según Fernando G. Brun, coautor del estudio y miembro del equipo investigador, “podríamos estar infravalorando la capacidad real de las praderas marinas para secuestrar carbono si solo contabilizamos lo que queda enterrado en el sedimento”. Esta nueva perspectiva subraya la importancia del ecosistema para su conservación y restauración.
Los científicos llevaron a cabo experimentos durante varios meses recreando las praderas marinas típicas de la Bahía de Cádiz. Utilizando instalaciones experimentales en Alemania, incluyeron diversas fanerógamas y macroalgas junto con sedimentos y comunidades microbianas asociadas para simular interacciones reales entre estas especies.
Además, se estudió cómo la tropicalización de los océanos está afectando estos ecosistemas. La expansión de especies como Halophila stipulacea, originaria del mar Rojo y del océano Índico, está ocurriendo rápidamente en el Mediterráneo. Aunque esta planta marina se desarrolla principalmente en praderas y fondos arenosos, su impacto inmediato es menor comparado con las amenazas derivadas del calentamiento global.
A través del análisis realizado bajo tres escenarios térmicos diferentes, los resultados mostraron que el aumento de temperatura no alteró significativamente el funcionamiento general de las comunidades estudiadas; sin embargo, sí afectó notablemente la calidad del carbono liberado al medio ambiente. A medida que aumentaba la temperatura, se observó una reducción aproximada del 28% en la fracción resistente del carbono.
Alba Yamuza, coautora del estudio, enfatiza que “a corto plazo, el calentamiento del mar representa una amenaza más inmediata” para estas funciones ecológicas que la expansión de especies invasoras. Este trabajo también establece bases para desarrollar modelos más completos sobre cómo estos ecosistemas responden al avance del calentamiento global.
La investigación ha recibido financiación no solo por parte de la Consejería andaluza sino también por organizaciones como la Fundación Humboldt, así como fondos europeos a través del programa Next Generation EU y el Ministerio español correspondiente.