Opinión

El artista visual favorecido

Rubén García Felices | Jueves 10 de septiembre de 2026

Hoy en día ser artista visual y poder mostrar tu arte al mundo y vivir de él es muy complicado porque combina inestabilidad económica, la presión de validación del mercado y una constante vulnerabilidad emocional. Es un camino bastante largo y sacrificado y por experiencia, es algo que sólo unos pocos privilegiados pueden lograr. Vivimos en una época donde quizás cuesta mucho poder desarrollarnos plenamente como artistas y en el entorno artístico que nos rodea. No solo basta con hacer arte visual (ya sea pintura, fotografía, arquitectura, escultura o grabado) con un lenguaje propio, también se trata de poder venderlo, exhibirlo a otros, promocionarlo y difundirlo como Dios manda. La competencia entre artistas es gigante y la rivalidad negativa impide la cooperación; pero, sin duda alguna, lo más difícil para un artista visual es llegar a ser reconocido y que su legado artístico perdure en el tiempo, es decir, que no se pierda su obra a lo largo de los años, y una vez éste fallezca. Parece fácil, pero sólo algunos artistas preciados merecidamente consiguen que sus creaciones personales conlleven fama y dinero. No obstante, y contradictoriamente, podemos encontrarnos en el panorama actual con otro tipo de artistas distintos a los anteriores, me refiero a los “artistas visuales favorecidos” (como así los denomino yo), que también lo logran. Y digo favorecidos porque crear arte con ciertos privilegios funciona como polo de atracción para otros que se vinculan con la cultura y que les favorecen el apoyo para todos sus proyectos. Estos artistas o autores agraciados suelen tener responsabilidades, cargos importantes y/o contactos directos con las instituciones culturales, ya sean locales o provinciales. ¿Qué significa esto? Lo significa todo: que pueden crear arte con total libertad y sin miedo alguno ya que tienen asegurada su difusión (por medio de bastas publicaciones en forma de libros, por ejemplo) dejando de esta manera legado y llegando a futuras generaciones. Es la abismal ventaja que tienen en comparación con el resto de artistas de la comunidad. Tener un don artístico no es sinónimo de éxito, tener una entidad cultural que te respalde económicamente tus proyectos creativos de por vida sí que lo es. Y vaya que sí lo es. El patrocinio lo es todo prácticamente en este mundo artístico donde importa más con quién trabajas o te relacionas que lo que eres capaz de hacer. Los que nos dedicamos a esto sabemos que sin pasta ni apoyo real de las entidades culturales no hay motivación para crear, y si no creas no progresas. Si no progresas o te hundes psicológicamente o abandonas. En resumidas cuentas, el “artista visual favorecido” es una realidad injusta que desangra los recursos económicos de las instituciones implicadas en beneficio de una insaciable persona que solo busca su propio favor artístico individual. Y es que, para algunos artistas, dejar legado es un “asunto de aventura favoritista, sin reglas”.

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