Ocho leyes de educación para tener menos conocimientos, limitar el talento y un fracaso aparatoso
Con el primer sorbo el marino comenta:
—En España cada reforma educativa se ha presentado como la solución a los defectos de la anterior, pero después de ocho leyes, en democracia, el resultado es justamente el contrario. Se ha rebajado la exigencia, penalizado el esfuerzo, se ha abandonado la formación, aunque tenemos a la generación más titulada, aunque peor formada.
El informe PISA 2025 —evaluación de la OCDE, cada 3 años, en competencia lectora, matemática y ciencias—, destapa algo sabido desde hace años, que España está por debajo de la media de la OCDE y la UE y sigue empeorando. Desde 2015, España ha perdido 45 puntos en lectura, 30 en matemáticas y 16 en ciencias.
También la OCDE da una señal de alarma por la bajada generalizada de los resultados debido al uso excesivo de pantallas, dispositivos digitales, móviles, la caída de la lectura y la dificultad para mantener la atención en periodos largos.
Ese mal de muchos…, no sirve. Hay países como Estonia —1ª de la UE—, que destrona a Finlandia o como Japón, Corea o Reino Unido, con sistemas educativos que obtienen buenos resultados, pero España ocupa el puesto 27 y su problema no está sólo en las pantallas, los móviles o la pérdida del hábito de lectura, sino en que hay sistemas soportan mejor esos cambios, lo que no hacen las leyes de educación española.
La joven profesora interviene:
—Con todas esas reformas, España ha introducido un discurso buenista, que habla de empatía social, inclusión, convergencia, atención a la diversidad y eslóganes vacuos de evitar frustraciones, reducir diferencias o procurar que nadie se quede atrás.
Se han vaciado los contenidos para sustituirlos por la «pedagogía del entretenimiento». De ahí a que, ayudar al que tiene dificultades, termine en reducir la exigencia al resto. La «igualdad de oportunidades» no significa subida de notas generales y evitar eliminar los suspensos.
La escuela debería propiciar el talento para que cada estudiante se esfuerce, no favorecer al «colectivo» para que todos estén en la media, Despreciar el esfuerzo personal e individual, ejercitar la memoria, acatar la disciplina, respetar la autoridad del profesor, premiar el mérito o valorar la competencia, debería ser obligatorio.
El fracaso escolar ya no es una señal para corregir deficiencias. La solución no es enrasar y subir notas medias. No hay que regresar a la escuela de la regla y los nudillos, pero aprender requiere esfuerzo, como tocar el piano, dominar un idioma o competir deportivamente.
El marino continúa:
—Desde 1980 hemos conocido ocho leyes de educación —LOECE, LODE, LOGSE, LOPEG, LOCE, LOE, LOMCE y LOMLOE— y cada gobierno ha pretendido reconstruir la escuela según su ideología, sin dar tiempo para ver cómo funcionaba la ley anterior. No se entiende la educación como un tema de Estado y no una batalla ideológica y partidista.
Mucha ingeniería pedagógica, muchas nuevas terminologías, pocas competencias, paternalismo, emotivismo, metodologías experimentales y sucesivos experimentos, pero se han aparcado preguntas básicas:
Porque lo que descubre PISA es que, casi un tercio de los jóvenes estudiantes españoles no alcanzan el nivel básico en lectura o matemáticas y sólo una pequeña minoría llega a la excelencia. Esta «jolgorio» de leyes ha conseguido igualar notas, pero no oportunidades, ni el abandono escolar y acabar con una formación insuficiente no ayuda a desenvolverse en una sociedad cada vez más compleja.
PISA ha destapado las vergüenzas de las políticas independentistas. Cataluña añade otro episodio indecente, quedando fuera de la evaluación por intentar amañar los resultados, excluyendo al 23,2 % de alumnos, cuando el máximo establecido por la OCDE es el 5 % o el País Vasco que pierde 47 puntos en comprensión lectora.
Este es resultado de tantos años utilizando la educación como instrumento para la construcción identitaria. Convendría recordarles que la lengua sirve para leer, comprender, pensar y comunicarse, no para hacer política.
La profesora remacha:
—No se necesita una revolución educativa en cada legislatura, sino buenos profesores, continuidad, evaluación y objetivos claros. Este informe PISA revela algunos datos interesante, como Estonia, un país de unos 1,36 millones de habitantes, que gasta entre un 4,5-5,0 % del PIB —lo mismo que en España—, pero analizando, su éxito es sencillo.
La educación también es cultura, criterio, autonomía y libertad, pero si fabricas aprobados, con escasa capacidad para pensar por sí mismo y carencia de herramientas necesarias para entender el mundo, se reducen las oportunidades para alcanzar el éxito.
El viejo marino apura el café:
—Se presume de que nadie se quede atrás y hemos encontrado la solución. Es que nadie se vaya demasiado adelante. Después sorprende que otros países nos adelanten.