No se puede negar que tras los años que llevamos de democracia se ha demostrado que el Senado, la segunda cámara española, no tiene mayor importancia en la vida política española. Son demasiadas las voces que vienen solicitando su cierre desde hace años, no solo por el ahorro que supone para las arcas, que no deja de ser un argumento a tener en cuenta, pero fundamentalmente porque solo sirve para mantener a los viejos políticos con los que no saben qué hacer lo partidos que los nombran.
El tribunal supremo le daba la puntilla días pasados. La cuestión es por las negativas de los ministros en acudir a dar explicaciones por lo que estaba ocurriendo en Ceuta. Se había quejado el Pp al supremo, y este no le ha hecho ni puñetero caso. Lo que nos señala que para el supremo el que los políticos, ministros en ese caso, y ante un tema preocupante como es el que vivian los vecinos de Ceuta, no acudan a una convocatoria de la cámara alta, no tiene la mínima importancia. ¡Pobres senadores! Pobres, con el dinero de nuestros bolsillos que se llevan cada mes. Cementerio de viejos elefantes políticos que solo van a cobrar. No solo son los ciudadanos los que le dan la espalda, el propio tribunal supremo no le da importancia alguna al trabajo que los señores senadores vienen ofreciendo a la ciudadanía entre el martes y el jueves de cada semana.
Si no sirven para el control del gobierno, como le indica el supremo, si sus decisiones son ninguneadas en el congreso, por mucha mayoría que tengan en la cámara alta ¿qué futuro les espera? De cara al beneficio de los ciudadanos, que son los que pagan sus sueldos, más bien ninguno. Pero los partidos, los actuales y los que lleguen en el futuro, no van a querer cerrarlo, les viene bien de perlas para dejar en él esas joyas con las que no saben qué hacer, y a las que hay que buscarles una salida, un sueldo, unos viajes a Madrid a vivir la buena vida a costa de los ciudadanos.
Si miramos los nombres de los conocidos, Susana Díaz, Javier Arenas, María Jesús Montero. Estamos ante políticos que tuvieron poder en su momento, algunos mucho, es posible que demasiado, lo perdieron por circunstancias políticas, y en vez de irse a sus casas, que es lo que deberían haber hecho, sus partidos los colocan, como viejos elefantes políticos que son, a que sigan viviendo del erario público, de nuestros dineros. Va siendo hora de que los ciudadanos aprendamos del tribunal supremo, y le digamos a coro, a gritos, y sin miedo, que ya está bien de pagar a políticos que debían estar jubilados, que se dediquen a jugar al dominó con los viejos amigos, que cuiden a sus nietos como un abuelo más, y si son capaces que nos cuenten la verdad de lo que ha sido su vida en el senado. Se lo agradeceremos si nos cuentan la realidad de lo vivido.