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El plomo de Almería destapa la pujanza del asentamiento fenicio del Cerro del Villar

La llegada de mineral desde Gádor a la bahía malagueña demuestra la intensa red mercantil de la colonia en el siglo VII a.C.

Lola Benavides | Lunes 14 de septiembre de 2026

La red de intercambios del Próximo Oriente en el sur del Estado tuvo en el mineral procedente de la provincia de Almería uno de sus ejes vertebradores. Así lo confirman los resultados de la quinta campaña de excavaciones en el yacimiento del Cerro del Villar, donde los análisis analíticos coordinados por el Centro Superior de Investigaciones Científicas han certificado la llegada a esta colonia de plomo extraído en el municipio de Gádor. Este hallazgo arqueológico evidencia el papel fundamental de este enclave costero como centro neurálgico de distribución comercial durante la época fenicia arcaica.

Las investigaciones desarrolladas por la Universidad de Málaga han sacado a la luz una arquitectura monumental articulada en hasta tres fases superpuestas, datadas entre finales del siglo VIII y el siglo VII a.C. La acumulación de edificaciones, separadas por calles y con muros conservados que sobrepasan el metro y medio de altura, compone una fisonomía urbana que evoca a las grandes urbes del Próximo Oriente. En uno de los sectores sondeados destaca el descubrimiento de un antiguo almacén con vestigios de haber sufrido un incendio, en cuyo interior se custodian al menos seis ánforas fenicias junto a diversos restos orgánicos.

El dinamismo económico del yacimiento se refleja tanto en la metalurgia de metales como el bronce, el hierro o el citado plomo almeriense, como en la localización de balanzas y pesas métricas orientadas al comercio de productos de elevado valor. De igual manera, se ha documentado la importación de ánforas griegas procedentes de centros de producción como Corinto, empleadas para el transporte de vino y aceite de alta calidad. Según ha explicado el director científico de los trabajos, José Suárez, la ocupación continuada entre los siglos VIII y V a.C. demuestra que «en esos momentos el asentamiento funcionó como un ámbito artesanal relacionado con la ciudad, pero con una entidad superior a lo que se había imaginado hasta el momento».

El recinto albergaba asimismo un marcado componente religioso, constatado por la presencia de dependencias destinadas al culto y por piezas singulares como un fragmento de máscara de terracota elaborado en los propios talleres alfareros de la isla. La intervención arqueológica, respaldada por la Junta de Andalucía, el Ayuntamiento de la capital malagueña y un equipo internacional de casi un centenar de especialistas, abre la puerta a la futura implantación de un parque arqueológico periurbano debido al excepcional grado de conservación de las estructuras. Respecto al devenir de los trabajos en este enclave del que apenas se ha excavado un diez por ciento, los especialistas sostienen que «la investigación de futuro resulta aún muy prometedora», en una línea en la que el alcalde Francisco de la Torre remarcó que «el terreno nos habla, pero hay que saber oírlo y entenderlo».

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