Opinión

5 patriotas en primera línea

Rafael M. Martos | Miércoles 23 de septiembre de 2026

He visto que Santiago Abascal, presidente de Vox, tiene cinco vástagos fruto de sus dos matrimonios. Conviene recordar el dato, porque aunque al político le entusiasme vociferar en cada mitin que "España es cristiana y no musulmana" (¡cualquiera lo diría con su primer apellido), a los abanderados de la ortodoxia patria no parece causarles mayor quebranto espiritual el divorciarse o vivir amancebados cuando la vida lo requiere. Las urgencias de la carne son así de transgresoras, incluso para quienes pretenden dar lecciones de moralidad familiar desde la tribuna.

Y todo esto viene a cuento porque, lejos de andarme con paños calientes o ambigüedades, coincido en que lo acontecido en Ceuta a finales del mes de julio constituye una invasión. Por más que a las personas que cruzaron la frontera a duras penas se les pueda calificar individualmente como invasores dada su extrema vulnerabilidad, lo indudable es que su entrada no responde al azar, sino a una estrategia calculada por el Gobierno de Marruecos para desestabilizar la frontera sur del Estado. Fue un ataque coordinado contra una frontera, y eso es, en esencia, una invasión.

Ahora bien, ante el tono profundamente belicista y enfervorizado que adopta Santiago Abascal cada vez que aborda esta crisis, la primera duda razonable que asalta al ciudadano es elemental: si esto es formalmente una guerra, ¿estará dispuesto el líder patriótico a enviar a sus cinco vástagos a la primera línea del frente? ¿O aplicará la misma doctrina de escaqueo que practicó en su juventud? No está de más tirar de hemeroteca para recordar cómo el aguerrido paladín esquivó el servicio militar obligatorio solicitando hasta tres prórrogas consecutivas hasta que la mili fue extinta. Resulta chocante ver cómo a quien "no tuvo tiempo" para alistarse cuando le tocaba vestir el caqui, hoy le sobra pecho para cuadrarse y dar lecciones de marcialidad como si hubiera comandado un batallón.

Pero las contradicciones no acaban en lo militar. Ocurre con los valores cristianos, ocurre con la mili y ocurre, exactamente igual, con su cruzada contra el gasto público. Santiago Abascal dedica buena parte de sus intervenciones a cargar contra los "chiringuitos políticos", pero pasa por alto que vivió plácidamente durante años al frente de la Fundación para el Mecenazgo y Patrocinio Social, una entidad pública creada bajo la órbita del Partido Popular en la Comunidad de Madrid donde percibía un sueldo anual superior a los 82.000 euros sin actividad fiscalizable. Es como su compañero andaluz Manuel Gavira, que tras decir que se habían acabado las gambas para los sindicalistas, le tocará pagar 18.000 euros por una cena para señoritos en Sevilla... que esos sí pueden comer gambas y jamón (¡que no falte, no vayan a pensar que son moros!).

En el fondo, la lógica es aplastante por su desenvoltura: si hay que predicar la doctrina cristiana mientras uno se divorcia, se predica (y si hay que abortar, se aborta... pagando y con discrección, pero se aborta); si hay que criticar las subvenciones habiendo cobrado de un organismo innecesario, se critica; y si hay que ir a la guerra por España, que vayan los hijos de los demás.

En la provincia de Almería, acostumbrada a observar la realidad de las rutas migratorias y el maniqueísmo político habitual, la pregunta final queda flotando en el aire. Si la retórica bélica de Santiago Abascal terminara provocando un conflicto armado real, ¿veremos a sus cinco vástagos apostados en las garitas de Ceuta defendiendo el territorio, o volverán a ser los hijos de los trabajadores los que tengan que poner el cuerpo en el frente mientras los superpatriotas de salón pasan lista desde el estrado? Ahí queda la cuestión.

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