No, esta vez no, compañeros. Aunque las propuestas liberales y ultraliberales en materia económica del Gobierno de Madrid en nada se parecen al modelo social que yo compartiria. Pero no me fío, y esta vez no me uniré a la acampada de fin de semana de Puerta del Sol.
No, esta vez no. El sanchismo, una vez vendidas todas las madres, tal como predijo el señor Pérez-Reverte, vuelve a los clásicos: todo vale. Pero es que no me fío, ni de la ejemplaridad de Mari Carmen ni de la honestidad de sus defensores.
No, esta vez no. Y creo en la necesidad del modelo socialdemócrata también en el tema de la vivienda. No puede ser que una familia necesite dos sueldos para dedicar uno de ellos exclusivamente al pago de una vivienda. Pero es que llevamos nueve años de sanchismo y no se les ven indicios de socialdemocracia. Es que no me fío. Mari Carmen, compañera funcionaria, hija de inquilinos en tiempos de Franco, con leyes protectoras franquistas, ha vivido en una de las zonas más caras de España durante sus 85 años por un alquiler que ya quisieran los arrendatarios de algunos de los pueblos más humildes de Almería. Otra vez la izquierda tomando símbolos equivocados, torciendo el camino en una desesperada carrera hacia un relato que hace tiempo dejó de ser documental y se adentró en el género de la fantasía.
En esta actitud repetidamente farisea llevamos años y años. Por eso, esta vez no, compañeros.
¿Qué ocurriría si periodistas tildados de ultraderecha, incluso categorizados más o menos así por el Ministerio del Interior, como Pablo Motos o Vicente Vallés, tuvieran 19 viviendas en alquiler? ¿Se tomaría con la normalidad con la que nos tomamos ese mismo negocio en manos de otro showman como el Gran Wyoming? Lo vemos con una necesaria y saludable normalidad con la que seguro no nos lo tomaríamos en este supuesto caso.
El sanchismo entró en la gestión de la Administración central por la puerta de una sentencia judicial. Por entonces, ni los jueces eran fachas y la corrupción debía pagarse con un cambio de Administración. La defendió entonces el portavoz Ábalos, encarnación viva y encarcelada del fariseísmo sanchista.
La supuesta policía patriótica que perseguía adversarios en tiempos del PP la vimos con estupor, terror y denuncia; pero las ahora supuestas cloacas del sanchismo, su manifestación en Leire llamando a clanes para asustar a jueces, se nos caen de las pantallas de la televisión pública en beneficio de la denuncia de Mari Carmen, que, por otro lado, culpabiliza al presidente Sánchez, premio Nobel de fariseísmo, sorbiendo lágrimas mientras absorbe leyes a marchas forzadas.
El relato fariseo ha conseguido imponer la fantasía cuando esta era realmente hermosa. ¿Cómo perdernos los martillazos inexistentes sobre discos duros en época de la Gürtel? En cambio, los mismos autores intelectuales dulcificaron el formateo del teléfono móvil del fiscal general del Estado como algo prosaico, normativo.
Y la ausencia de Mazón durante la tarde fatídica de la DANA, su comida en El Ventorro... Todos vimos la necesidad de su cese, ayudados por esa lupa acusatoria y ese ademán compungido del gran histriónico señor Rufián. Desde luego que tenía que dimitir. Pero ¿y el caso de Adamuz? No parece que su gestión, la torpe o inexistente actualización de trenes y vías, merezca el cese ministerial. Ya, ya sé que nos perderíamos un gran tuitero, pero ganaríamos en regeneración democrática.
La ley de nietos. Otra vez debemos volver nuestros ojos a 1936 y recuperar a nietos de emigrantes y exiliados para incorporarlos al censo. ¿No es más acuciante resolver el éxodo impuesto más recientemente por ETA a gran parte de la población vasca que huyó aterrorizada por sus asesinatos, torturas, secuestros y chantajes no hace más de 20 años, apoyados por una parte enfermiza de la población vasca?
¿Y los ejemplos de defensa de la mujer que hemos tomado? Como villanos, Rubiales, Iglesias, Plácido, poniendo rostro malvado al machismo y, en algunos casos, dejando tras de sí cadáveres. Olvidando los feminicidios en México, los ahorcamientos en las grúas en Teherán o el trato a la mujer de nuestro vecino marroquí; incluso los déficits laborales en discriminación femenina que aún persisten en nuestro país en algunas ramas profesionales, cada vez, gracias a todos, menos graves y numerosos.
Si volvemos a Ceuta y le ponemos números: 80.000 emigrantes que invadieron la frontera, 20.000 que aún persisten en Ceuta y 141 fallecidos. Con una Administración conservadora, ¿nos hubiera parecido suficiente resolver las responsabilidades con la dimisión del jefe de Gabinete de la Delegación del Gobierno? Y, volviendo a Mazón y por comparación, ¿no hubiéramos exigido responsabilidades a un presidente que aún a día de hoy aboga por su derecho a sus vacaciones en medio de una invasión de parte del territorio?
No, esta vez no, compañeros. Esta vez no montaré mi Quechua, ni en Sol, ni en Tahrir, ni en Syntagma, ni mucho menos en Puerta Purchena, disputándoles losas y lugares a los ya eternos albañiles, que ellos sí se han instalado en el Paseo de Almería sine die.