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La provincia de Almería vuelve a convertirse en el epicentro del ciclismo de montaña con la celebración de una edición histórica de la Škoda Titan Desert, que alcanza su punto medio registrando máximos históricos en el ámbito femenino. Un total de 60 ciclistas forman parte de una marea de 570 participantes procedentes de 27 países distintos, estableciendo el pelotón más concurrido e internacional en los siete años de trayectoria del evento dentro de la geografía almeriense.
Este incremento de corredoras responde al impulso de SheTitan, un proyecto promovido por la organización Titan World Series desde hace un par de temporadas con el objetivo explícito de incentivar la presencia de mujeres en las disciplinas de MTB y gravel.
La presente edición estrena embajadora en la figura de María Salvó, cuya trayectoria vital dio un vuelco drástico en 2020 tras el fallecimiento de su hermana Laura durante una competición de rallyes. Ese acontecimiento transformó su perspectiva vital y la llevó a afrontar nuevos retos sin demoras, buscando servir de inspiración para quienes dudan de sus posibilidades antes de dar el paso hacia el deporte de alta exigencia.
Desde la localidad de
Mojácar, centro neurálgico de la prueba deportiva en
Almería, Salvó anima a las aficionadas a dar el salto a este tipo de pruebas sin dejarse llevar por las dudas iniciales. “No debes tener miedo. Hay que romper esa barrera”, señala en su debut dentro de los eventos del circuito Titan.
A diferencia de otras citas competitivas tradicionales, la embajadora subraya el carácter integrador del evento, donde el componente social y la camaradería prevalecen sobre la tensión competitiva. “La diferencia con otras carreras es que aquí hay mucha gente que no va a competir. Vas hablando con todo el mundo y juntándote con otros y otras en tu misma situación”, detalla al término del primer tramo cronometrado, destacando la buena sintonía vivida entre los grupos que avanzan de forma conjunta durante las jornadas.
Salvó valora también el hecho de que hombres y mujeres compartan el recorrido de manera integrada sin distinciones de ritmo o divisiones prefijadas. “Aún queda mucho por hacer para igualar las cifras”, reconoce, al tiempo que confía en que su presencia pueda servir de estímulo a ciclistas de nivel aficionado. “Quizás, que haya mujeres como yo, que no tenemos un nivel muy fuerte, puede animar a otras mujeres en mi situación. Aquí vas siempre arropada por chicos y chicas. Nunca me he sentido sola en la etapa”, concluye, descartando temores sobre el aislamiento en carrera.