A falta de 46 días para las elecciones generales del 29 de noviembre (29N), el presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS),
José Félix Tezanos, parece haber vuelto a dar con la piedra filosofal de la demoscopia oficial. En su más reciente barómetro, la estimación atribuye al PSOE una ventaja de casi 12 puntos sobre el Partido Popular, dibujando un horizonte donde el presidente del Gobierno del Estado,
Pedro Sánchez, podría rozar el espejismo de los 183 escaños. Al ritmo de crecimiento que marcan los sondeos del organismo público, a
José Félix Tezanos le restan unas pocas semanas de precampaña para terminar adjudicando directamente los 350 diputados del Congreso a las filas socialistas.
El estudio demoscópico que pagamos entre todos los contribuyentes otorga al PSOE un 34% en intención de voto (+3 puntos respecto al mes anterior), mientras desploma al PP liderado por Alberto Núñez Feijóo hasta el 22,2% (-3,3 puntos). Por su parte, la formación Vox, encabezada por Santiago Abascal, se eleva al 17,1% (+5 puntos), seguida por la plataforma Sumar de Yolanda Díaz con un 6,1% (+0,4), Podemos con Ione Belarra en el 3,1% (-0,6) y ERC con Gabriel Rufián en el 3% (+0,5). Sin embargo, al trasladar estos porcentajes al modelo de reparto de escaños del propio CIS, el artefacto contable muestra su primera grieta surrealista: el PP obtendría 119 diputados frente a los 116 del PSOE, dejando a Vox con 66, a Sumar con 15 y a Podemos con 2. Es decir, casi doce puntos de ventaja en porcentaje de voto se traducen, en la práctica, en tres escaños menos para el presunto ganador.
Para descifrar este prodigio estadístico no hace falta un doctorado en sociología, sino observar el recuerdo de voto que refleja el avance de resultados de la propia encuesta. Entre los entrevistados que declaran qué papeleta introdujeron en las urnas en las elecciones de 2023, el 43% asegura haber votado al PSOE, formación que en la realidad obtuvo un 31,7%. En cambio, solo un 22% de los encuestados recuerda haber votado a Alberto Núñez Feijóo, a pesar de que el PP logró un 33,1% de los sufragios reales. En los comicios de 2023, la proporción real de voto PSOE/PP fue de 0,96; en el panel seleccionado por José Félix Tezanos, esa relación se dispara hasta un 1,96. Hay casi dos votantes socialistas entrevistados por cada votante popular.
Si se toma la molestia de reponderar la muestra ajustándola al recuerdo de voto real —a falta de la publicación de los microdatos completos—, la fotografía electoral sufre un vuelco inmediato: el PP se sitúa en el 30,9% y el PSOE desciende al 26,0%, una proyección que encaja con el promedio del resto de encuestas privadas del Estado. Decía con sorna Pedro Sánchez que los sondeos de las empresas privadas «se publican para animar un poco a Alberto Núñez Feijóo». A tenor de las cifras, resulta evidente que el CIS cumple la función simétrica de elevar el ánimo en el Palacio de la Moncloa.
No deja de ser una llamativa coincidencia que, desde el año 2018, la institución pública haya sobreestimado el resultado de las fuerzas de izquierda en 43 de las 44 citas electorales analizadas. Acumular 43 casualidades consecutivas apuntando exactamente en la misma dirección ideológica requiere un nivel de fe en el azar verdaderamente extraordinario.
En la provincia de Almería, donde la economía familiar depende del esfuerzo tangible en el campo, el comercio y la industria, los experimentos de laboratorio político suelen encajar mal. La gente sabe perfectamente que la representación en el Congreso no se decide mediante cocinas demoscópicas en Madrid, sino mediante el recuento real voto a voto en cada municipio. El próximo 29 de noviembre, las urnas almerienses volverán a demostrar que se puede cocinar la muestra, pero que si la materia prima no es buena... ni un buen chef es capaz de levantar aquello (y no estoy diciendo que Tezanos sea un buen chef).