Opinión

Naumaquia de moros y cristianos

Antonio Felipe Rubio | Sábado 17 de octubre de 2026

El más popular de los divertimentos en la Roma antigua se circunscribía a los enfrentamientos entre gladiadores librando sangrientos combates en diferentes cosos. Vespasiano quiso ir más allá del modelo tradicional e introdujo en el Coliseo una atrevida configuración de ingeniería hidráulica: millones de litros de agua anegaban la arena del Coliseo permitiendo la navegación. Así, el público podía rememorar las épicas batallas náuticas que, como es natural, se resolvían a favor del Imperio. A estos combates escenificados, sobreactuados o ficticios se les llamó naumaquias.
 
Pasados los siglos, asistimos a la actual naumaquia entre moros y cristianos. Ahora no se trata del fastuoso y pesado Quinquerreme, son fragatas y patrulleras pertrechadas de alta tecnología electrónica y potencia de fuego. 
Marruecos, sobre quien no cabe ya la menor duda de su inexcusable protagonismo en la invasión de Ceuta, coordinó una invasión de facto por tierra. Al tratarse de una invasión sincronizada, intencionada y planificada requirió de apoyos estratégicos. El buque insignia marroquí, la fragata Mohamed VI, así como varias patrulleras se adentraron ilegalmente en el mar territorial español apoyando la invasión terrestre. Como respuesta “inmediata”, desde Canarias, la Armada despliega la fragata F-81 Santa María. Nada más zarpar, se avería y vuelve a puerto. En su lugar, se moviliza la fragata F-85 Navarra. Esta embarcación acude en labores de disuasión ante las ofensivas incursiones de la Marina Real marroquí. Por cierto, no es “Armada” marroquí. Solamente España puede dotar de nombre propio a su arma marina de guerra: la Armada. 
 
La primera acción de la Navarra fue la utilización del canal internacional de Emergencias (16). Ante el silencio-radio de los marroquíes -se supone- utilizaría otros canales como el 70 de Llamada Selectiva Digital, la banda de ondas hectométricas, el aldis (proyector luminoso morse), el Código Internacional de Banderas… pero el chulesco silencio persistió. La solución de la Navarra consistió en aproximarse a la banda de la Mohamed VI para interpelarle por megafonía. Esta acción -se dice- supuso cierto riesgo de colisión al abarloarse ambas embarcaciones. 
 
El silencio-radio en el canal de Emergencia (16) está considerado como deliberada acción de omisión ante las llamadas de socorro (Mayday), urgencia (Pan-Pan) y seguridad (Sécurité). Todas las embarcaciones en navegación están obligadas a la escucha permanente en el canal 16. Cuando se establece la comunicación por el 16, se puede cambiar (QSY) a un canal alternativo para dejar libre el canal principal de Emergencias. Estas prácticas, que conocemos todos los navegantes, son de especial e inexcusable aplicación a las embarcaciones de pasajeros, cargueros… y, por supuesto, las militares. Además, la osadía escaló convocando por el canal 72 a todos los pesqueros marroquíes que se encontraban en las proximidades para invadir las aguas territoriales de Ceuta. 
 
El establecimiento de silencio-radio afectó también a las balizas de geolocalización de las embarcaciones marroquíes, suponiendo una omisión que, antaño, supondría izar la bandera con la calavera y las tibias cruzadas; es decir, un comportamiento absolutamente pirata. En este caso, tratándose de embarcaciones de la Marine Royal, estamos ante una provocación militar en toda regla. 
 
El Gobierno de España resolvió esta agresión con una bochornosa disuasión por mar. Se mantiene la invasión por tierra, y aguardamos con pastueña expectación el próximo movimiento de Marruecos. 
Marruecos no considera Ceuta como territorio español; consecuentemente, si no tienes territorio propio tampoco tienes aguas territoriales. Así, el “hecho puntual” de la fragata es para Marruecos como el cacharro de la Bernarda. Un “hecho puntual” sería detonar una bomba nuclear, pero esto es como la muerte a pellizcos. 
Ya está bien de resolver graves problemas con escenificaciones de debilidad y traición. Ya son muchas las naumaquias de moros y cristianos; naumaquias de Guardia Civil y planeadoras de narcos; y las naumaquias más infectas: perroflautas en la fuente de Carlos III. ¡Ya está bien!