Opinión

Los flautistas del PSOE

Rafael M. Martos | Domingo 25 de octubre de 2026

 

La reciente presentación oficial de la candidatura del PSOE en la provincia para las elecciones generales del próximo 29 de noviembre dejó una estampa digna de análisis mitológico y fabulístico. Encabezados por Anabel Mateos al Congreso de los Diputados —tomando el relevo de Antonio Hernando— y por José María Martín al Senado, acompañados de nombres como Juan Antonio Lorenzo e Inés Plaza, los socialistas escenificaron una puesta de largo donde lo más llamativo no fue el programa, sino la firme fe de la lista en los fenómenos acústicos. Y es que, escuchando los corrillos del acto, uno concluye que en la sede socialista confían ciegamente en que alguno de sus cabezas de lista termine ejerciendo de Flautista de Hamelín. O, con el debido respeto a la literatura clásica de Tomás de Iriarte y evitando cualquier atisbo despectivo, en que repitan la célebre gesta del equino que, soplando la flauta por pura casualidad, consiguió hacerla sonar.

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El ambiente reflejaba una paz interior que roza el nirvana electoral. Hablando con unos y con otras, la tesis imperante es que el viento sopla a favor, no necesariamente por virtuosismo propio, sino por la carambola de los elementos. Para empezar, observan un Partido Popular estancado a nivel estatal que no termina de arrancar y al que los sondeos pronostican un desgaste respecto a comicios anteriores. En paralelo, contemplan la pujanza de Vox, formación que en la provincia cuenta con un suelo electoral rocoso, pero a la que la izquierda interpreta como el mejor agitador del voto del miedo. Cuanto más crezca la candidatura de Santiago Abascal, sostienen, más difícil le resulta a Alberto Núñez Feijóo vender la posibilidad de un gobierno en solitario, lo que empuja de vuelta al electorado moderado a los brazos de la papeleta socialista para frenar a la derecha radical.

A este cálculo se le suma una aritmética que en el PSOE ven despejada a su izquierda. A diferencia de otros escenarios fragmentados, la nada o el vacío no restan diputados. Además, el pacto alcanzado en el Senado entre el PSOE y Frente Amplio busca aglutinar de entrada todo el sufragio progresista en la Cámara Alta. Una jugada estratégica que confían que genere un "efecto arrastre" automático hacia el Congreso de los Diputados, canalizando el voto útil directamente a la candidatura que lidera Anabel Mateos.

Sin embargo, el verdadero comodín del soplido afortunado se juega en la acera de enfrente. Frente a la unificación de la izquierda en el Senado, el electorado conservador se presenta atomizado en tres alternativas bien diferenciadas: el Partido Popular, Vox y el artefacto político Se Acabó La Fiesta, pilotado por Alvise Pérez. La división del voto en tres partes dentro de una circunscripción provincial como la almeriense, donde se reparten seis escaños al Congreso y cuatro al Senado, beneficia a quien logre mantener su bloque compacto.

Nadie en las filas socialistas ignora que la provincia de Almería no constituye su feudo más benévolo en Andalucía, donde la derecha ha consolidado posiciones en las últimas citas con las urnas. Pero incluso reconociendo la dificultad del terreno local, la directiva del PSOE asume que la dispersión ajena y la disciplina propia pueden amortiguar cualquier tropiezo. En el fondo, la estrategia apunta a que el entorno estatal y la fragmentación del rival hagan el trabajo pesado. Solo queda esperar a que llegue el 29 de noviembre para comprobar si el PSOE ha compuesto una melodía capaz de encandilar al electorado almeriense o si, una vez más en la política del Estado, la flauta termina sonando simplemente por casualidad.

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