“Mi anterior monólogo era como un masaje de Winnie The Pooh con el que quería que el público saliera limpio y renovado. Aquí también saldréis limpios y renovados pero, como en las películas de crímenes, será como con uno de esos chorros enormes de agua que le echan al detenido puesto contra la pared”. Así advirtió a los pocos minutos Ángel Martín que “Somos monos”, su nuevo monólogo en el que analiza la pérdida del uso de la reflexión humana frente al abuso de las pantallas, iba a provocar sacadidas fuertes. La cita formaba parte de la programación de otoño puesta en marcha por el Área de Cultura, Educación, Museos y Tradiciones del Ayuntamiento de Almería, contando con la producción local de Crash Music.
El polifacético cómico, guionista, presentado y actor tomó en la tarde de ayer el Auditorio Municipal Maestro Padilla para desplegar con su habitual elocuencia una serie de patrones que se dan ya por aceptados pero que se mueven en el absurdo y en lo acomodaticio, ‘atontando’ progresivamente el cerebro de las personas.
Situaciones reales, desde hacerle más caso al GPS que a los propios ojos, pasando por lo absurdo de estafas como la del falso Brad Pitt o los mensajes de entidades bancarias en las que no tenemos cuenta alguna, sin olvidar tampoco los ‘selfies’ hechos a pie de acantilado o pedirle consejos de pareja a Google, fueron puestas en el espejo una tras otra, salpicando a su vez el relato con ingredientes sobre los efectos del paso del tiempo en el pensamiento, en el cuerpo o la interrelación entre las generaciones.
Una actitud crítica que Ángel Martín defendió como necesaria para “no subirse a ninguna ola de odio”. Como explicaba el cómico, “hoy todos buscan decir lo malo de cualquier cosa en las redes, en cualquier foto, cosas que jamás se dirían en la cara. Os pido que no alimentéis con leña ninguna chimenea de odio, que penséis por vosotros aunque se aleje de la mayoría”.
Martín hizo una defensa del sentido del humor como elemento indispensable de inteligencia y lo hizo, precisamente, provocando numerosas carcajadas en el público asistente que se lo pasó en grande con el nuevo análisis del pensamiento que se aleja un poco de su anterior ‘Punto para los locos’, donde narraba su experiencia y la necesidad de cuidad la salud mental, pero que, al final, converge en el buen uso del cerebro.