Opinión

La ciudad parada  

Fátima Herrera | Martes 27 de octubre de 2026

Almería sufre desde este pasado martes las consecuencias de la huelga indefinida en Surbús. Sinceramente, me causa una enorme preocupación e indignación ver cómo miles de vecinos y vecinas se ven afectados a diario en sus rutinas habituales. Pienso en las familias que no pueden llevar a tiempo a sus hijos al colegio, en los trabajadores que temen perder su empleo por llegar tarde, en los mayores que pierden sus citas médicas o en los jóvenes que no tienen cómo llegar a la universidad. El autobús no es un adorno: es el medio con el que la gente común mueve su vida cada día.

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Ante esta situación de colapso, resulta incomprensible la actitud de la alcaldesa de Almería, como si este problema no fuera con ella y la movilidad de la ciudad fuera un asunto ajeno. Pero no podemos olvidar algo fundamental: el Ayuntamiento es el titular del servicio municipal de transporte y la alcaldesa no puede ponerse de perfil. La responsabilidad final de que los servicios públicos funcionen recae sobre sus hombros. Y lo que más duele es que se trata de una crisis que se podría haber evitado.

Los trabajadores de Surbús llevan meses advirtiéndonos del deterioro insostenible de sus condiciones: horarios imposibles de cumplir y una presión constante al volante que acaba afectando a su salud. Esta huelga es la consecuencia directa de una falta de planificación alarmante. El contrato del transporte terminó hace tres años y sigue encadenando prórrogas, manteniéndose con líneas obsoletas y rutas desfasadas que ignoran cómo ha crecido Almería. Mientras la señora Vázquez centra sus energías en fotos y eventos de escaparate, la gestión del día a día se abandona. Y cuando el equipo de Gobierno no planifica, la factura la pagan, primero, los trabajadores y, luego, los usuarios.

Nadie va a una huelga indefinida por capricho. La plantilla ha llegado a este extremo por pura desesperación tras meses de inacción municipal. Desde el Grupo Socialista apoyamos firmemente a quienes día a día se ponen al volante de nuestra ciudad para llevarnos a nuestro destino; hoy, en su protesta justa por unos horarios y condiciones dignas, somos nosotros los que nos ponemos a su lado. Exigimos a la alcaldesa que dé la cara de una vez, que se siente a la mesa de negociación y que medie entre la empresa y la plantilla, y que no se levante hasta alcanzar un acuerdo justo. Almería no necesita más excusas; necesita una alcaldesa que gestione, empatice con sus vecinos y devuelva a nuestra ciudad el transporte público digno y eficiente que merecemos.