Opinión

No es momento

Rafael Sanmartín | Jueves 29 de octubre de 2026

 

En los trescientos sesenta y cinco días del año hay tiempo para todo, incluidos enfrentamientos políticos y económicos. Pero no es este el caso. En un momento clave como al actual, cuando la respuesta debería ser solidaridad y ayuda física y psíquica para los perjudicados directamente y sus familiares que un grupo o dos, pequeños o grandes, den la espalda a la tragedia para continuar su labor propagandística, resulta el ejercicio más soez, mezquino y la traición más grande a la patria por la que cada cual pueda sentir pasión, si es que realmente todos la sienten.

Ha habido un fallo. Dramático. Con resultado aterrador. Si habrá sido un fallo involuntario, un descuido o una negligencia, no somos los ciudadanos, ni los partidos, ni las asociaciones, los indicados para dilucidarlo. Para eso está el grupo especial de la Guardia Civil, los investigadores independientes, ambos ya trabajando, y la Justicia, con los datos aportados por los especialistas. Cuando todo el Estado se ha sobrecogido, cuando se han movilizado todos los medios disponibles para salvar todas las vidas posible, cuando ha sido plena la solidaridad de los pueblos cercanos a la tragedia, y de los menos cercanos; cuando el deporte, la música, el arte y el ocio quedan paralizados de forma inesperada, como tónica general, resulta deplorable, despreciable, la pequeña mancha de quienes, olvidando el dolor de los damnificados y de la inmensa mayoría de la ciudadanía, han querido aprovechar la oportunidad para crear confusión, para llevar su mensaje de odio a la totalidad de personas conmocionadas y ojalá que también sordas a los mensajes políticos, en un momento de convulsión general.

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No se resuelve el problema de las familias zarandeadas por la tragedia, no se repara el daño ni se aportan soluciones de ningún tipo que pudieran evitar estas y otras catástrofes, lanzándose a la busca de culpables, ni aprovechándose de las circunstancias para avivar su campaña particular, ante la proximidad de las elecciones.

Vox ha sido el único partido que no ha suspendido por unos días su pre-campaña. Lamentable el discurso de Moreno, recién conocido el accidente, acusando responsabilidades directas. Igualmente lamentable que grupos, pequeños pero ruidosos, amparados en el eco mediático de su protesta, repugnante para la mayoría, pero de intención perturbadora, rompan el silencio de la tragedia para lanzar sus consignas brazo en alto con el apoyo tácito de la policía, que en esta ocasión no ha intervenido, y de algunos medios, limitados a dar la noticia, como si la repulsa y las secciones de opinión no existieran en este caso.

Lamentablemente, mientras unos hacían colas ante los hospitales para donar sangre, los componentes de esos grupos debe haberse convertido en horchata o en refresco adobado con cianuro.

Habrá tiempo de pedir responsabilidades, una vez que una investigación seria, ponderada y plenamente neutral, las haya localizado y las pueda señalar a la Justicia con toda propiedad y la más precisa objetividad. Hasta ese momento, la ocasión es para dolerse por el daño recibido sorpresivamente, para mostrar solidaridad, para ayudar sin mirar a quien ni acordarse de corrientes de opinión. 

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Dejemos esto, todavía no juzgado.  Hoy la atención debe estar en las personas fallecidas o heridas y en sus familias. Que esos grupos no deben conocer la angustia de buscar noticias de los familiares sin encontrarlas. Tiempo habrá de conocer detalles, pero primero dejemos trabajar a los especialistas y no escuchemos a quienes instrumentalizan la desgracia ajena.

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