Cuando las víctimas de Adamuz se reunieron con el ministro, le pidieron su dimisión. Este respondió: «Yo no soldé el raíl».
Hoy me he levantado con el titular de El País: «La tragedia en Urda empuja a la ultraderecha a una espiral de brutalidad». Me he preguntado: ¿Seré yo? Como un Judas de pacotilla al gran tótem del progresismo.
Desde luego, si algo ha funcionado bien en este entramado deleznable que es el sanchismo, ha sido la elaboración de cuentos y su transmisión por tierra, mar y aire . Un ejército de periodistas zombis, tertulianos zombis y activistas zombis, en cada momento, ha llevado la palabra de Sánchez y de sus asesores a todos los rincones de esta ajada piel de toro que es España.
Todo lo demás es anecdótico: la utilización patrimonialista de las instituciones públicas, el mantenimiento de vías férreas, la dignificación de médicos, jueces y profesores, la memoria democrática, la honorabilidad, el respeto por la justicia... No ha funcionado, pero, como decía, es anecdótico, ya que una panda de evangelistas del sanchismo y sus apóstoles nos traen una vida nueva y paralela para resarcirnos.
Le preguntaría al editor de titulares de El País si se ha leído su libro de estilo, editado por Aguilar, o si lo lee de forma discontinua. ¿No había brutalidad cuando en el Parlamento Rufián llamó homicida, inútil y psicópata a un Mazón grogui? Un Mazón que se equivocó y supongo que estará de por vida marcado por esa equivocación. Luego estuvo en Paiporta y no se fue, estuvo en los funerales y, por último, estuvo en el aniversario. Recibió insultos, críticas y barro, algunos de ellos bestias, supongo que todos merecidos, pero por entonces el autor de titulares de El País tendría el libro de estilo olvidado por algún rincón.
Los asesores de Sánchez tienen preparado su relato. Se llama liberalización y privatización de los trenes. Muchos compartimos la necesidad de dignificar las empresas públicas y su propia existencia en muchos ámbitos: educación, transportes, sanidad, comunicación... Pero no somos idiotas y sabemos que, siendo públicas, no las salva ni la corrupción ni el mal gobierno.
En el 2013 en china se condenó al ministro de trasportes a muerte por corrupción y abuso de poder después de un accidente de tren que provocó 40 muertos. La empresa, claro está pública, y la condena como todas las que practican los regímenes dictatoriales, sin garantías, ejemplar (recordad que no se quiere formar ciudadanos sino súbditos al partido) y desmedida (como todo en una tiranía).
Adif es pública y se ha colmado de inútiles comisarios políticos, de amantes. Ha perdido la oportunidad de dejarnos unas vías férreas en condiciones. Reconocidos únicamente por quitar a los españoles, que lo tuvieran, el miedo a viajar en avión. A los creadores y asesores se les ha olvidado, como también se les olvidó que el sanchismo se ha hecho viejo en la Administración, tras nueve años de nepotismo, corrupción y mal gobierno.
Hoy los sondeos electorales dan al sanchismo la última estocada. El PSOE sacaría apenas 100 escaños. Si se trata de sacar a los tramposos de la Administración, tal vez con esto bastará, pero los que deseamos una apuesta socialdemócrata para sacar a gorrazos a los tramposos del PSOE se necesitará mas. Una derrota de tal tamaño que ni con los cientos de asesores de Sánchez se pueda disfrazar de ninguna de las maneras de victoria. Si es así, lo harán y, como dice Pérez-Reverte, se perpetuará en la oposición para volver de nuevo con la primera mentira aceptable que se encuentren.