Opinión

No todos son igual

Rafael Sanmartín | Miércoles 4 de noviembre de 2026

 

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Puente ha caído. O se ha retirado. Desde luego no va a ser “un parado más”, por esa parte ningún problema. El detalle es que se ha retirado después de razonar, quedaría analizar sus razones, pero imposible acertar mientras no se cuente con el resultado de una investigación plena e imparcial; puede haber sido una huida, ante la responsabilidad cierta del cargo de máxima responsabilidad, o puede haber sido cansancio, quizá hastío, por la lluvia soportada durante estos días. Aunque esa también es misión de los políticos, a eso siempre están expuestos. Su dimisión, mientras no se demuestre lo contrario no pactada con su partido, ha liberado a este, poco de una carga, pero algo es algo.

Pero a sus adversarios políticos, ¿se les puede llamar ya carroñeros? El comentario más común entre ellos ha sido “la dimisión llega tarde”. Puede ser. Lo notorio en este caso, es que esa observación llegue de quienes le han llamado “asesino”, calificativo nunca dado a “otros” quienes han defendido a otros en situaciones similares. Lo tristemente notorio es que la crueldad haya venido de quienes tienen detrás los casos del Yak 42, Prestige, Metro de Valencia, Madrid Arena, residencias de ancianos, Dana, en espera de terminar la instrucción para emitir juicio, que es como se debe hacer y para eso están los jueces; o Angrois, todos ellos casos orillados, disimulados, excusados o intentado excusar, no sin cierto éxito, por los que mayoría de sus responsables políticos todavía no han dimitido; casos que pretenden ocultar tras acusaciones aún no probadas. Pero, sin embargo Feijoo, el principal responsable del caso Angrois sigue presumiendo de “gestión y  experiencia” ¿qué experiencia? ¿La de no haber dimitido? Y en cambio han apoyado al más claro responsable de las consecuencias de la DANA de hace dos años, hasta el último segundo.

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Aunque este comportamiento en España se haya convertido en el pan nuestro de cada día, aunque la dignidad y la vergüenza brillen por su ausencia en este y en muchos otros casos más, indistintamente su procedencia, lo que más indignación y vergüenza ajena provoca, es la falta de ambas virtudes en la portavoz de Vox, al acusar a Puente de no haberla tenido nunca. Que esto no es una defensa de Oscar Puente, ni de su partido, debe quedar bien claro. Todo el mundo debe pagar sus fallos, sus descuidos, su falta de interés y sus negligencias. Pero hay que seguir defendiendo, y aquí siempre lo hemos defendido, después de una investigación adecuada y un juicio plenamente imparcial. Y eso todavía ha sido imposible.

Hablar de “responsabilidades políticas” está bien. Pero no cuando quienes lo presumen son quienes menos responsabilidades políticas han asumido, por acción, por cooperación u omisión, en anteriores ocasiones. No hay que poner a Puente en un pedestal, no hay que elevarlo al martirologio, pero ha hecho lo que sus críticos jamás habían sido capaces de hacer cuando les correspondía. Y esto lo coloca moralmente por encima de ellos. Incluso en el caso que lo hubiera hecho para disminuir las posibles consecuencias que los accidentes puedan repercutir en su partido. (Hay que usar la suposición, mientras desconozcamos las razones exactas que lo han hecho decidirse).

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En este caso se han barajado diversas posibles causas, ninguna rechazable, entre ellas la de un descuido muy grave, y hasta la de injerencia extranjera, o la de un boicot llegado desde un país más alejado cada vez a causa de su actividad criminal.

Cuando el interés de una mayoría ha sido el de apoyar a las víctimas, el de limitar todo lo posible el sufrimiento, la angustia y el dolor, los partidos carroñeros se han limitado a lanzar diatribas y, lo que es per, a exigir lo que ellos nunca han tenido la dignidad de hacer. En realidad en estos casos y por desgracia, suele primar el sacar rédito en interés político de cada uno, antes del deber de ayudar a remediar en lo posible y esclarecer, que no es acusar a nadie, simplemente porque milite en otro grupo.

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Ahora, al menos, a ver si es posible que prime la responsabilidad y la valentía de esperar al resultado de la investigación. Porque la vida no se va a devolver con la dimisión de nadie. Eso puede servir de ejemplo, de acicate para remediar las carencias. Pero las responsabilidades reales, sólo podremos conocerlas, si llegamos a conocerlas, cuando termine la instrucción correspondiente. Por eso es preciso desautorizar a todos cuantos se quieren arrogar el papel de redentores. Para eso hay que empezar por el principio.

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