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#COVID19 día 14
Insomne

sábado 28 de marzo de 2020, 12:40h

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No puedo dormir más de dos o tres horas cada noche desde que empezó todo esto.

Supongo que es lo normal, y lo atribuyo a la falta de actividad física que rinda al cuerpo y arrastre a la mente, pero también a que durante el día la atención se focaliza a las noticias relacionadas con la expansión del coronavirus, y también en el propio trabajo, del que además siendo el periodismo, no puedes escapar, y probablemente en mi caso, tampoco quiero hacerlo.

Así, cuando digo “OK Google, apaga todo”, en la casa se impone el silencio total… me abandono a él, y no tardo en dejar que los párpados se me cierren como el pesado telón del Teatro Cervantes, porque ni tan siquiera el libro de John Vernon que estoy leyendo y que casualmente se titula “No abras los ojos”, me parece excusa suficiente para seguir activo.

Pero no falla. A eso de las tres de la madrugada me desvelo, y entonces mi cabeza empieza a bullir como la locomotora de un tren a vapor, noto en el corazón que el ritmo se acelera, y los pensamientos la van alimentando como si alguien exigiera más madera, más madera, más madera.

Siento que mi cerebro se enciende como la pantalla del ordenador, y saltan los pósit de colores con las tareas pendientes del día, una a una las reviso mentalmente y descubro que no he hecho ni la mitad de lo urgente, y nuevamente, mientras miro el techo en medio de la oscuridad con los ojos bien abiertos, reordeno por prioridad esas notas para memorizarlas y evitar que vuelvan a quedar relegadas.

Después, abro las carpetas del escritorio, rebuscando qué otras cosas tengo que hacer sin falta en cuanto me ponga en pie, a quién hay que llamar, que plazos administrativos debo cumplimentar, de qué voy a escribir. Y ahí está lo peor, porque a veces son tantos los temas que el tiempo se pasa decidiendo entre el último despropósito en la gestión de la crisis sanitaria, o si debería elegir algo más local, o quizá contar algo personal de este encierro, confinamiento, secuestro, detención… y solo buscar la palabra se convierte en otro reto para mi cerebro, que toma nota encontrar sinónimos.

A veces, en estas dos semanas que llevamos encerrados, he llegado a levantarme, bajar al comedor, poner la tele, apagarla, encender el iPad para leer, apagarlo, coger un papel y anotar a mano las cosas que golpean mi cráneo por dentro, para intentar sacarlas de la cabeza, pero lo acabo tirando, y al final, tras revisar que todo está en orden menos yo, me vuelto a subir al dormitorio en blanco.

Lo que tampoco falla es que a eso de las seis o las seis y media de la mañana, me quedo dormido, como me recuerda el insolente radiodespertador a las siete y media, con un bloque de noticias que parece un parte de guerra, con heridos y muertos.

Entonces me ducho, desayuno, y me entrego al teletrabajo, feliz de no estar entre quienes han perdido el empleo, o la empresa, o la vida de alguien cercano. Hasta que por la noche me vuelvan a asaltar los mismos pensamientos, con la desesperación de un yonki enclaustrado, pero mejor eso, a que se me acabe fastidiando el disco duro.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia" y de "Más allá del cementerio azul".