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No ha sido una Marcha verde
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No ha sido una Marcha verde

Por Rafael Sanmartín
miércoles 05 de agosto de 2026, 22:09h
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Eso dicen. Habrá que ver qué hacían los policías marroquíes cuando miraban pasar, sin filosofía árabe, a un número de personas superior a la población de Ceuta, para echarse a la mar unos cuantos para quedarse como pienso de tiburones, si no acuden prestos a recogerlos los servicios de auxilio españoles. Nos querrán hacer buenos. Porque no habla a favor del régimen marroquí la pasividad de esa policía, tan dispuesta y “justiciera” cuando se trata de defender la ideología imperialista del inquilino de Rabat, aunque le guste poco su residencia. Ni habla a su favor su insistencia a Tram para conseguir de él un “empujoncito” que lo ponga más cerca en su reivindicación irrazonada de la ciudad de Ceuta. Ceuta es una ciudad andaluza desde el Imperio romano. Fue andaluza durante los trescientos años de ocupación visigoda y pieza clave en la aniquilación de su imperio destructivo y depredador. Ceuta formó parte, como conquista, de los imperios almorávide y almohade sucesivamente, tal como lo fue toda Andalucía y parte de la actual España, cuando todavía no era España.

Ya en el siglo XVI, desaparecido el último imperio del desierto, el benimerín, recién formado el reino de Marruecos, quedó claro el instinto imperial de sus gobernantes cuando Mohamed II encargó al andaluz, de Cuevas del Almanzora, Diego Guevara y su ejército de exiliados andaluces, la conquista de todo cuanto estaba al sur, hasta más allá de la actual Mali, en el entonces gran imperio africano: el de Sudán. Pretendía ser el quinto imperio, sustituir más o menos el territorio ocupado por los cuatro anteriores. Pero como Diego llevó oro y sal a Marrakech, pero no la propiedad de aquellos territorios, el cuevano fue acusado de traidor y asesinado tras la muerte de Mwhammad II. La historia, por fortuna, permite reconstruir para conocer detalles.

Más de setenta mil personas, la mayoría jóvenes, pero también adultos y hasta familias con niños en brazos, entraron en Ceuta hace unos días por la puerta trasera, con la pasividad cómplice de la policía marroquí. ¿Lo sabían?, porque los setenta mil ya vueltos a Marruecos y loa que todavía siguen en Ceuta, sostienen que fueron engañados, inducidos con promesas de trabajo y una vida más justa. ¿Por quién? Y mientras, la derecha europea, sin soltar su obsesión por desmembrar Rusia en vez de tomarla como escudo contra la opresión militarista yanqui y apoya al dictador otanista y (nombrar la palabra está penado, pero tiene que ver con el III Reich) Zelensky. Y la derechita cobarde española, asegura que lo sabía ¿Cómo lo sabía y por qué lo calló?, mientras pide gastar más en preparar guerras y cobrar menos a las grandes fortunas, será para asfixiar al gobierno, a este y al que venga, y para no perder las simpatías de sus amigos del IBEX, la banca, fondos buitre y especuladores en general.

Hasta ahora lo poco que va trascendiendo es que la operación fue gestada en secreto, pero se divulgó por redes; por eso resulta tan extraño que las autoridades marroquíes se sorprendieran de baño tan multitudinario. Pues, vuelve la duda: Por qué Abascal, Feijoo, Tellado, han confesado sin remilgos que lo sabían. ¿Por qué lo sabían? En honor a la pulserita de su muñeca y a la palabra “España” siempre en su voz, demostrarían su patriotismo si lo hubieran avisado a tiempo. Si hubieran hecho públicos los datos que debían obrar en su poder, para poder decir “se sabía”. ¿O fue una nueva oportunidad para lanzar acusaciones al gobierno? No es que Sánchez sea un santo, ni el gobierno la primera maravilla del mundo moderno. Pero lo están haciendo bueno con sus contradicciones y su obsesión persecutoria, que al final, igual que los bloqueos de Tram, a quien hacen daño es al pueblo. A la gente, personas, que por lo visto para ellos no llegan ni a ser palabras. Esa es su preocupación por el pueblo.

Si de verdad les preocupara la seguridad nacional, lo mejor sería que se fueran a sus casas, que no pisen más el Parlamento, que descansen y dejen descansar. Si aman los colores que lucen en sus muñecas, que piensen en sus votantes, al menos en sus votantes, engañados con su demagogia. Se están acostumbrando y en cualquier momento les va a costar mucho decir una verdad. Si la información de ABC de hoy es cierta, su obsesión en disparar contra el gobierno se está quedando en simple y burda traición a España.

Rafael Sanmartín

Estudió Filosofía y Marketing y es especialista en Historia. Ha trabajado en prensa, radio y TV. Obtuvo el premio 'Temas' de relato corto por El Puente (1988), así como el '28-F' (2001), por La serie La Andalucía de la Transición, emitida por Canal Sur Televisión. De su producción literaria cabe destacar: El País que Nunca Existió (1977), El Color del Cristal, novela (2001), La Importancia de un Hombre Normal, que narra la biografía de Blas Infante, (2003), Historia de Andalucía Para Jóvenes (2005), Grandes Infamias (2006) y De Aquellos Polvos... La Autonomía y sus orígenes históricos (2011) Para el autor "la Historia es el espejo donde podemos vernos y conocernos, aunque, como está escrita por los vencedores, debe analizarse con espíritu crítico para poder interpretarla".