Hay un halo de misterio casi teológico recorriendo las pancartas de las acampadas por la vivienda que salpican la Puerta del Sol en Madrid y otras plazas del Estado. "¿Dónde está el gobierno progresista?", rezan con angustia algunos carteles. Otros, un poco más terrenales y menos poéticos, resumen el ambiente con un sonoro " Sumar y PSOE, responsables de nuestra miseria", mientras las lideresas del Sindicato de Inquilinas señalan directamente al partido del Gobierno tildándolo, sin muchos paños calientes, de "partido de rentistas". Ante semejante clima de entusiasmo popular, cualquiera pensaría que en las filas socialistas cundiría la prudencia o el disimulo. Pero el surrealismo político patrio siempre guarda una carta mejor en la manga.
Para responder a la pregunta de dónde está ese afamado Gobierno, los indignados no necesitan peregrinar a la capital. En la provincia de Almería lo tienen literalmente al lado. En pleno Paseo de Almería, esquivando las vallas y el polvo de la obra municipal, se ha dejado ver el mismísimo Secretario General del PSOE provincial, José María Martín, acompañado por miembros de su ejecutiva. Allí estaban, compartiendo espacio y sonrisas con los acampados que protestan por la falta de vivienda y la subida de precios. Hay que reconocer el valor de la estampa: el máximo representante de las siglas que gobiernan el Estado acudiendo a solidarizarse con quienes protestan contra las consecuencias directas de la gestión de su propio partido. Una pirueta conceptual digna de elogio.
Es llamativo observar cómo el oficialismo abraza la pancarta de la protesta como si el Ejecutivo de Pedro Sánchez acabara de aterrizar ayer por la mañana desde Marte y no llevara gobernando el país desde 2018. En este tiempo, las sucesivas promesas de construir cientos de miles de viviendas públicas han demostrado tener la misma consistencia que el humo. La tan cacareada Ley de Vivienda, lejos de solucionar el problema del acceso al techo, ha provocado en los territorios donde se aplica el efecto exactamente contrario al anunciado: contracción drástica de la oferta de alquiler permanente, pánico entre los propietarios y un trasvase masivo hacia el alquiler de temporada o turístico.
Sin embargo, en Moncloa parecen haber hecho números y llegado a la conclusión de que la tensión habitacional cotiza al alza. El cálculo electoralista es tan audaz como diabólico: alimentar el descontento, señalar a fantasmas difusos y pretender captar el voto de la frustración que su propia inacción ha generado. Por eso no debe extrañar que en Almería la dirección socialista acuda a tomar el fresco entre las tiendas de campaña instaladas en la vía pública, interrumpiendo el flujo de un centro urbano ya de por sí castigado por los plazos interminables de las obras.
En Madrid los manifestantes siguen buscando al Gobierno progresista en el aire. En la provincia no hace falta buscar mucho: lo tenéis al lado, tomándose la foto en el campamento mientras las soluciones para el acceso a la vivienda siguen, como las obras del Paseo, sin fecha de finalización a la vista.