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Espejismo juvenil

Espejismo juvenil
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Por Rafael M. Martos
martes 13 de octubre de 2026, 06:00h
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Ha bastado con acampar unos cuantos sacos de dormir en la Puerta del Sol para que los analistas de moqueta y los tertulianos con nostalgia revolucionaria hayan sufrido un empacho colectivista. De la noche a la mañana, con las protestas por el precio de la vivienda desbordando el centro de Madrid, la narrativa oficial ha dictaminado que la juventud española ha despertado de su letargo para vestir de nuevo la camiseta de la izquierda transformadora. Hermosa estampa. Lástima que no sea más que un espejismo óptico, de esos que en la provincia de Almería se conocen bien cuando el calor aprieta sobre el asfalto.

La realidad sociológica que muestran los informes del CIS, los estudios de la Fundación FAD Juventud y los barómetros del INJUVE refleja un panorama bastante menos idílico para la épica progresista. Ni la juventud de Andalucía ni la del resto del Estado ha decidido mutar colectivamente en el espíritu de mayo del 68. Lo que ocurrió en la Puerta del Sol es la excepción mediática; la norma es un viraje sostenido, cómodo y perezoso hacia posiciones marcadamente conservadoras.

Hasta antes de ayer, el temblor de piernas institucional venía provocado por datos inapelables: una parte sustancial de los jóvenes abrazaba postulados ideológicos situados bastante más a la derecha de los que defendían sus padres e, incluso, sus abuelos. No hablamos únicamente de una inclinación hacia la derecha liberal que confía en el libre mercado, sino de un conservadurismo identitario, egoísta y profundamente proteccionista. Sorprende contemplar a generaciones criadas en democracia cuestionar el sufragio universal para fantasear con aberraciones como la eliminación del voto por persona en favor del voto por unidad familiar, como si el libro de familia fuera un título nobiliario para decidir el futuro.

El retroceso no se detiene en las urnas. En el ámbito de los roles de género, asistimos a la romantización en redes sociales de actitudes que se creían sepultadas. Chicas jóvenes abanderando el repliegue al hogar como bandera de emancipación, renunciando gustosamente a disputar su espacio en la vida pública, económica o política. A esto se le suma un repunte de la insolidaridad que se traduce en un discurso antiinmigración grosero y desacomplejado. Quienes carecen de perspectivas económicas no buscan la raíz del problema en el sistema, sino en el eslabón más débil.

¿De dónde sale esta aparente incoherencia? El diagnóstico es tan incómodo como evidente: la paulatina degradación del sistema educativo ha producido promociones con una capacidad de raciocinio reducida al mínimo exponente y una alarmante incapacidad para el debate dialectico riguroso. Si a una falta de herramientas intelectuales para cuestionar la realidad le sumamos la radicalidad propia de la etapa juvenil, el resultado es el ecosistema perfecto para las cámaras de eco digitales. Algoritmos diseñados para inflamar el estómago en lugar de activar la corteza cerebral.

Quien escribe esto tiene la suerte de contar con hijos jóvenes que escapan milagrosamente de este molde. Pero las excepciones individuales no anulan las estadísticas colectivas; apenas sirven para consolar el entorno familiar mientras las encuestas recuerdan que la corriente general va en sentido contrario.

En lugar de señalar con el dedo a las aplicaciones de los teléfonos móviles como si fueran entes demoníacos independientes, las formaciones progresistas —desde el PSOE hasta Sumar— deberían empezar a hacerse preguntas serias. Culpar al algoritmo es el refugio fácil de quien no quiere asumir el fracaso pedagógico e ideológico. Pretender que cuatro tiendas de campaña borran el mapa sociológico de la juventud es una ingenuidad peligrosa. Si los jóvenes prefieren refugiarse en certezas arcaicas y discursos reaccionarios antes que en horizontes de progreso, el problema no es solo del espectador que mira la pantalla, sino del guionista que ha dejado de ofrecer una historia convincente.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería y Coordinador de la Delegación en Almeria de 7TV Andalucía

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia", "Más allá del cementerio azul", "Covid19: Diario del confinamiento" y "Por Andalucía Libre: La postverdad construida sobre la lucha por la autonomía andaluza". Y también de las novelas "Todo por la patria", "Una bala en el faro" y "El río que mueve Andorra"