La pregunta que se hacían muchos españoles de bien, y algunos de mal, era:
¿Cómo va a recibir Ceuta a Felipe V?
Lo pudimos ver. Incluso los comentarios en las redes de aquellos que llamaban cobarde al monarca por no haber acudido antes, y que esperaban cierta frialdad en los ceutíes, se rindieron ante el recibimiento de un pueblo que se lanzó a la calle, con banderas o sin ellas, pero con unos gritos que llenaban la mañana en todas las cadenas de tv.
¡Yo soy español, español..!
¡Ceuta no se rinde!
¡Ceuta es España!
Fueron minutos, horas esperando la llegada de Felipe, en las que, desde los críos, hasta los adultos dieron una muestra de la españolidad que sienten y corren por sus venas. Eso no se le puede pedir a los amotinados en la Puerta de Sol. Esos, si pueden, algunos lo han hecho, se ciscan y se limpian con la bandera de todos. Pero a unos hay que respetarlos, y a los otros condenarlos a tenerlos horas, días y meses con su ciudad tomada por extranjeros, en la que como dijo el rey “no es una crisis de emigración”. Por fin alguien con cierta dignidad, aunque algo tarde, dice una verdad a los que hoy gobiernan en España. Si es que para ellos somos España, que algunas veces algunos lo dudamos. Lo sufrido en aquellos días finales de julio fue una invasión, no una crisis emigratoria, por mucho que nos lo quieran vender las flautas del Psoe. Y para colmo, como al final han tenido que reconocer, fragatas de Marruecos andaban en las aguas españolas. Pero nos llevamos con el vecino de maravilla.
No sé si estamos ante un gobierno de orates, de ineptos o simplemente de odiadores de la España que vivimos el resto de los ciudadanos. Los que no tenemos pisos ni negocios fuera de la península como la portavoz del Psoe en el congreso, señora Minguez, o los que aumentan sus cuentas bancarias en las islas mágicas a las que al final se tendrán que ir a vivir, si algún día impera la ley en este país. Que lo dudo. ¿Qué por qué lo dudo? Por que al final ellos, los políticos, se ayudaran los unos a los otros. Por si dentro de unos años le toca al rival.
Volviendo al tema real, si el recibimiento ha sido 75 días después apoteósico, se imaginan lo que hubiera sido en aquellos primeros compases de la invasión, cuando la gente se vio sorprendida por miles y miles de emigrantes paseando por sus calles, aterrorizando a sus vecinos, y a unos políticos que desde Madrid decían que todo estaba solucionado, que era solo una crisis de emigración, que Marruecos estaba colaborando, y que la gran mayoría estaban abandonando la ciudad.
Leía el otro día a un socialista que decía ¿por qué insultan a Pedro Sánchez? Solo hay una contestación: Por mentiroso. Por haber contado mentira tras mentira a lo largo de los ocho años que lleva en el poder, porque la gente se ha cansado de tanto embuste como sale de su boca. Se ha ganado a pulso ser el gran protagonista de la canción del verano, del otoño y hasta del villancico de Navidad.