El Paseo de Almería, corazón de nuestra identidad, merecía un proyecto a la altura de los almerienses: un espacio que combinara la ambición de futuro con el respeto a nuestra historia. Sin embargo, la gestión del PP está convirtiendo esta ilusión colectiva en una sucesión de improvisaciones, parches y despilfarro.
Quienes defendemos la peatonalización creemos firmemente en recuperar las calles para la ciudadanía, en impulsar el comercio local y en dar vida al centro. Pero peatonalizar no es destrozar, ni mucho menos gobernar a base de chapuzas pagadas con los impuestos de todos.
A los casi doce millones de euros de la obra se añaden unos 200.000 euros para maquinaria especial de limpieza y cerca de 90.000 para alumbrado ornamental, pese a que el proyecto ya contemplaba la iluminación. Cada rectificación tiene un coste. Lo pagan los vecinos y vecinas con sus impuestos, muchos de quienes llevan años esperando mejoras en las calles, los parques y las aceras de sus barrios. Administrar bien exige recordar esas esperas antes de autorizar un nuevo gasto para corregir todos estos problemas que debieron resolver previamente sobre el papel.
El último despropósito roza el esperpento. En la emblemática Plaza del Educador, allí donde antes se rendía homenaje a los docentes, hoy nos encontramos con un espacio despojado de encanto, convertido en una fría zona de paso. Para colmo, cuando ya pensábamos que el desencanto provocado por las fuentes de Puerta Purchena y Plaza Circular sería insuperable, nos encontramos con que la histórica fuente de la Plaza del Educador ha sido reemplazada por un pequeño chorro de agua que brota del suelo. Los almerienses se preguntan, y con razón, si se trata de un bebedero para perros o de una simple fuga de agua.
Por si el ridículo estético fuera poco, la falta de previsión ha alcanzado cotas insólitas: la Policía Local ha tenido que precintar parte de la plaza recién abierta tras producirse varias caídas de peatones a causa de unos escalones invisibles, desnivelados y ondulantes, que ya han tenido que ser rehechos. Es inadmisible que una obra millonaria se convierta en un peligro para la seguridad de las personas antes incluso de ser inaugurada.
Almería no se merece este desprecio a su patrimonio ni esta gestión negligente. Exigimos rectificación, transparencia y la seguridad que los almerienses merecen. Es hora de devolverle a nuestra ciudad el respeto y el orgullo que la alcaldesa le está arrebatando.