El balance de los incendios forestales en lo que va de 2026 dibuja un panorama desolador dentro de las fronteras del Estado. Las mediciones satelitales del sistema EFFIS de la Comisión Europea certifican que la superficie arrasada por las llamas en el territorio nacional roza ya las 300.000 hectáreas en los primeros ocho meses del año, una cifra astronómica que representa prácticamente el 47% de toda la masa forestal perdida en el conjunto de la Unión Europea durante este mismo periodo.
Aunque el volumen total de vegetación destruida muestra un descenso moderado respecto a la catástrofe registrada en el mismo tramo del ejercicio anterior, el virulento avance del fuego durante esta campaña estival ha dejado tras de sí consecuencias irreparables. El pico más crítico del verano se vivió durante el mes de julio, periodo en el que se desencadenó el siniestro de
Los Gallardos, en la provincia de
Almería, uno de los episodios más trágicos de la historia reciente del país tras costar la vida a 13 personas.
La virulencia de los fuegos en julio se propagó con rapidez por diversos puntos de la geografía española. Tras el desastre almeriense, extensos focos concentrados en la zona central del país —afectando gravemente a Madrid, Ávila y Toledo— devastaron decenas de miles de hectáreas adicionales en cuestión de días, consolidando un mes negro en las estadísticas medioambientales.
En el cómputo de emergencias atendidas dentro del ámbito europeo, el territorio español ocupa la segunda posición con más de 400 siniestros de envergadura contabilizados por la tecnología espacial, únicamente superado por el territorio italiano y por delante del país vecino francés. El histórico reciente refleja una dinámica de extrema vulnerabilidad en el entorno del Mediterráneo, donde los picos de mayor peligrosidad han ido alternándose entre mediados de agosto y el inicio de la época estival en los últimos años.