Hay visitas que, por previsibles, no dejan de tener su aquel. Esta semana ha aterrizado en la provincia de Almería el portavoz y candidato de Adelante Andalucía, José Ignacio García, para cumplir con el rito de las reuniones sindicales que giran todos los partidos en fechas preelectorales, como la del 17 de mayo. Lo curioso no es que venga a pedir el voto (que todavía no toca), sino la facilidad con la que despacha el futuro de la Comunidad Autónoma entre café y café.
Resulta que a José Ignacio García le bastan exactamente cinco minutos para ponerse de acuerdo con el PSOE. Cinco minutos. Eso lo dijo hace casi un año en una entrevista en 7TV Andalucía y éste lunes le hemos repreguntado sobre aquello, sobre si lo mantenía o se lo había pensado dos veces. Es un tiempo récord, casi lo que se tarda en pedir una de jibia en cualquier bar del Zapillo, pero suficiente, según él, para desalojar a Juan Manuel Moreno Bonilla del Palacio de San Telmo. La pregunta que surge, casi por educación, es: ¿para poner a quién? Y ahí es donde el discurso empieza a perder ese brillo de "izquierda andalucista".
El nombre que planea sobre esta carambola es el de María Jesús Montero, actual candidata socialista que ha decidido -o le han decidido- cambiar el Consejo de Ministros por el tablero andaluz. Sorprende la amnesia selectiva de José Ignacio García. Parece haber olvidado que su predecesora, Teresa Rodríguez, construyó su carrera política precisamente denunciando la gestión de esa misma María Jesús Montero en los gobiernos de la Junta de Andalucía que terminaron bajo la sombra de la corrupción. Aquella María Jesús Montero que se sentaba en mesas presididas por condenados por el caso de los ERE es ahora la solución exprés para el líder de Adelante Andalucía. Al final, el "cambio" consiste en que todo vuelva a manos de quien ya lo tuvo durante décadas.
Cuando se le pregunta por esta contradicción, el candidato opta por las ramas, ese frondoso bosque dialéctico donde se esconde la falta de alternativa real. Dice que su objetivo es "quitar a las derechas", en un plural un tanto confuso si tenemos en cuenta que el Partido Popular gobierna hoy con mayoría absoluta en la Comunidad Autónoma y que Vox ocupa los bancos de la oposición. Quizás por "derechas" se refiere a cualquiera que no sea él, o quizás es solo la muletilla necesaria para justificar su papel de actor secundario en el próximo gobierno del PSOE.
Nadie le había preguntado qué cargo querría él, pero adelantándose a una sombra que parece perseguirle, saltó con que "no están negociando sillones". ¿Es que el apoyo de Adelante Andalucía podría conllevar asiendos en el consejo del gobierno andaluz? Es una negación curiosa; no es que no los quieran, es que "no es el momento". El subconsciente es un traidor terrible, especialmente cuando uno sabe que su formación, con apenas dos parlamentarios en el Hospital de las Cinco Llagas (él mismo y su compañera de escaño), sobrevive parlamentariamente gracias a una carambola reglamentaria que el propio Partido Popular de Juan Manuel Moreno Bonilla permitió para que pudieran usar el nombre de su partido en el Grupo Mixto. Un favor del "enemigo" que, por lo visto, no computa en esos cinco minutos de reloj.
Tampoco faltó el desprecio hacia quienes podrían ser compañeros de viaje. Para José Ignacio García, la única papeleta andalucista válida es la suya. Con un gesto de suficiencia, casi de altivez, ninguneó cualquier alianza con Andalucía por Sí. Es una actitud valiente, si se quiere ver así, para alguien que lidera una formación con una representación testimonial frente a los más de 120 cargos municipales que ostenta la formación de Christopher Rivas en toda la geografía andaluza.
Lo que queda tras la visita del parlamentario es una certeza algo amarga: la "alternativa" que nos proponen es ser la muletilla del socialismo de siempre. Un viaje de años para terminar siendo el pegamento rápido de María Jesús Montero, líder del partido que machacó el andalucismo que él dice representar.