Tras la victoria de Zp, doña Cristina Narbona apareció por Almería. Donde era una mujer conocida por otras elecciones en las que ella tuvo presencia en nuestra provincia. Venía a convencer al personal, de que la decisión de Zapatero de arrodillarse ante los catalanes y derogar el plan hidrológico nacional era una buena solución para los almerienses. Para ello nos ofrecía el Plan Aguas. Desaladoras. Cantadas hace poco por el señor Martín, en estas subdelegado del mayor embustero que hemos tenido en la Moncloa, ante la presencia del propio Zp.
Cristina, cuentan las lenguas que vinculada también a las peripecias que viene teniendo el hotel El Algarrobico, ya que fue ella la que dio el chivatazo a los chicos del barco, para que acudieran a apoyar la denuncia del mismo. En Carboneras se comentaba en aquellas fechas, nadie lo desmintió, que la denuncia del hotel, “Cristina nos quiere gobernar” la hizo por el enfrentamiento que mantenía con Cristóbal y su familia. Reitero, aquel rumor que corrió por el pueblico nadie lo desmintió. Es demasiado triste que la venganza entre militantes del mismo partido, el Psoe, haya metido al pueblo carbonero en un dilema que se mira por donde se mire, acabará mal para el futuro del mismo.
Vemos que Cristina nos quiere gobernar ha estado en las salsas más importantes e improductivas para nuestra provincia. Fastidió el agua para miles de regantes en el levante, y truncó el trabajo para cientos de carboneros que esperaban la apertura del hotel. Ay, Cristina, Cristina, qué metiste las manos en todas las salsas almerienses, y ya vemos como la dejaste. Cuando ahora se comenta que su nombre aparece en las cloacas de Leire, o en la “gestapillo” de su compañero Antonio Hernando, solo podemos pensar que, a todos, tarde o temprano, les llega su San Martín. ¡Martín, Martín! En estos días anda uno que no sabe si alegrarse o sentir pena cuando le llega a doña Cristina su tiempo de penitencia. Debe ser la influencia que nos ha dejado tras su viaje el León del Vaticano, su carita de ángel, el deseo de perdonar a los demás lo que nos hace pensar bien de los demás.
Si no pienso en el agua de nuestros regantes, si paso de largo hasta de los caracoles de Felipe, si no me acuerdo de aquel viaje que hizo “Cristina te quiere gobernar” frente a las playas de Carboneras, me convencen las palabras y los gestos del hombre que viste de blanco, ando pensando en perdonar a la señora Narbona por sus maldades con Almería. Pero, si sucede al contrario, si son las imágenes de las tuberías sin agua, de un hotel que se muere, dicen que, por su denuncia, lo siento Santo Padre, pero es bueno que se pague en esta vida, que no esperemos a la siguiente, todo lo que hemos hecho, sean veniales o mortales los pecados cometidos. Está bien que “Cristina nos quiere gobernar” pague por los males que ha hecho en su carrera política.