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Elecciones, candidatos y responsabilidad

sábado 20 de abril de 2019, 20:13h

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Existe en la actualidad una concepción de la existencia basada en el concepto de la “comodidad” entendido como una vivencia plácida de la vida, sin sobresaltos, sin correr riesgos, contemporizando con todo lo que se presente, evitando cualquier tipo de enfrentamiento, sin disgustar , o mejor, complaciendo al poder y garantizándose unos recursos económicos, basados en una concepción del término negocio en la que no están incluidas la creación, el esfuerzo pundonoroso en adquirir conocimientos y habilidades técnicas, sino mas bien busca basarse en el oportunismo, el privilegio del contacto amigo, el fraude y el engaño sin riesgos; son los serviles que venden lo que sea necesario para asegurarse su comodidad. Lógicamente este esquema de vida, suele ajustarse a los mediocres.

Por el contrario, aquellos que buscan su realización personal conforme al triunfo de los valores absolutos, la justicia, el bien común, la paz social y el desarrollo de la sociedad, no aceptan ese esquema de comodidad; son los que buscan la creatividad con inteligencia, esfuerzo y perseverancia, los que se comprometen con la causa de la paz y la justicia, los que trabajan por el bien común. Ellos son los que denuncian, asumen riesgo y se enfrenta a todas las formas de poder que comprometan el desarrollo de la dignidad humana y del progreso social, aunque la búsqueda de su triunfo les suponga un enorme sacrificio personal.

Todos estaríamos de acuerdo en designar, para el ejercicio de la acción política y la dirigencia de la sociedad, a los que rehúsan el modelo de “comodidad” y optan por el modelo de compromiso social y exigencia personal; se optaría así por los mejores, nunca por los mediocres, pues de hacerlo por estos últimos, favoreceríamos a unos pocos en perjuicio de la mayoría.

Vivimos un momento importante en el que se van a configurar los modelos políticos del futuro inmediato, en función de la elección de las personas que van asumir el liderazgo social para llevarlos a cabo. Es por ello sumamente importante, conocer a las personas a las que se les va a otorgar la representación, pues de los electos depende el modelo de sociedad a la que queremos llegar.

No hay en política verdades ni principios tautológicos, es decir, que sean siempre verdad.

No hay en política verdades ni principios tautológicos, es decir, que sean siempre verdad; por el contrario son cambiantes, o al menos así los percibimos, en función de determinados intereses ya sean o no siempre lícitos; de ahí la importancia de optar por una u otra persona y no solo en lo que manifiesta uno u otro grupo, pues son las personas con criterio las que determinarán como actuará el grupo. Es cierto, que a determinados grupos constituidos, no les interesan las personas con criterio y compromiso, prefieren a las mediocres y dóciles, porque son más fáciles de conducir en función de los intereses, los cuales se pueden ir generando en el transcurso del ejercicio del poder, incluso adoptando contenidos contradictorios, como se prueba con la evidencia empírica; el caso del presidente Sánchez es un ejemplo de adopción de principios según su interés en orden a garantizar la continuidad en el poder; pero ojo, parece que crea escuela.

Este planteamiento no es el debate de siempre entre listas abiertas y cerradas, es un debate, en todo caso, anterior a la proclamación de las listas; porque en el fondo no siempre es mejor una lista abierta que cerrada, aunque solo sea como garantía para la reivindicación, pues solo en el segundo caso, el grupo asume la responsabilidad de su elección y con ello de sus promesas y decisiones. Pero ello no implica incluir a los mediocres en base a la garantía del grupo, pues al final estos determinaran el futuro del grupo y de su sistema de garantías.