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Estación de Almería - Carmen de Burgos “Colombine”

Por José Manuel Bretones
sábado 10 de octubre de 2026, 18:06h
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Durante el acto de entrega del XIV Premio Internacional de Periodismo Carmen de Burgos “Colombine” de la Asociación de Periodistas – Asociación de la Prensa de Almería expuse a las numerosas autoridades presentes un anhelo, un deseo que fuese realidad dentro de un acuerdo de consenso: al igual que la estación de tren de Madrid lleva el nombre de Almudena Grandes y la de Málaga el de María Zambrano, la nueva estación del AVE de Almería debería denominarse Estación de Almería - Carmen de Burgos.

Sería el acto de justicia definitivo hacia la periodista almeriense que nos enseñó a ser libres a través de la palabra y de sus viajes. Pocas figuras de nuestra historia provincial encajan mejor que ella en un lugar concebido para partir, llegar, descubrir, regresar y volver a partir. Colombine fue, en el sentido más amplio de la palabra, una mujer abierta al mundo. Y su currículum viajero resulta extraordinario para una mujer nacida en 1867.

Se desplazó a Francia, Suiza e Italia, donde conoció otros sistemas educativos y otras sociedades. Recorrió Bélgica, Luxemburgo, Holanda, Alemania, Inglaterra, Dinamarca, Suecia o Noruega. Estuvo en Marruecos como corresponsal de guerra. Vivió temporadas en Portugal. Y cruzó también el Atlántico. Sus viajes no fueron turismo. Fueron conocimiento, periodismo, aprendizaje y compromiso.

Colombine se desplazaba para mirar. Y después escribía lo que había visto. Porque, para ella, recorrer el mundo no significaba solamente moverse de un lugar a otro. Era abrir ventanas. Salir de una sociedad cerrada para descubrir que había otras maneras de vivir, de educar, de informar, de pensar y de organizarse. Cuando regresaba, traía consigo ideas. Y las convertía en artículos, conferencias, debates y libros, como “Por Europa”, “Cartas sin destinatario”, “Peregrinaciones” o “Mis viajes por Europa”. Su dilatada carrera literaria y trayectoria vital atesora fuertes y firmes convicciones reivindicativas y de independencia.

Incluso su condición de corresponsal de guerra tiene algo profundamente ferroviario en su origen. En 1909, ante la oportunidad de cubrir el conflicto bélico de Marruecos, regresó en tren a Almería para despedirse de los suyos y desde nuestro puerto embarcó rumbo a Melilla. Allí se convirtió en la primera mujer de España en cubrir un conflicto bélico.

Por eso creo que no existe un lugar más apropiado en Almería para perpetuar su nombre que la nueva estación de AVE. Una estación es mucho más que un edificio. Es una puerta. Es el lugar donde alguien se marcha y donde alguien regresa. Es el espacio de las despedidas y de los reencuentros. Es el punto de partida hacia otras ciudades, otras culturas y otras experiencias. Es, en definitiva, una metáfora perfecta de la vida de Carmen de Burgos.

Colombine salió de su tierra natal para conocer el mundo, llevando el nombre de Almería por todo el planeta. Ahora podemos hacer justamente lo contrario: que los visitantes que lleguen encuentren su legado. Por eso, desde la Asociación de la Prensa de Almería, planteamos y reiteramos que la estación de ferrocarril de nuestra ciudad se denomine Estación de Almería-Carmen de Burgos.

No debería ser una propuesta partidista. No debería ser patrimonio de una ideología. No debería convertirse en una batalla política. Debe ser un acuerdo de Almería. Porque Colombine pertenece a todos. Así lo entiende Asunción Valdés, experta en Carmen de Burgos quien estuvo en Almería en el acto de entrega del XIV Premio de Periodismo a Nacho Calle y Sergio Sangiao. Valdés me recordó que la Biblioteca Nacional incluyó a Colombine en la Generación del 98. Al igual que autores consagrados de este movimiento (Unamuno, Baroja o Azorín), la escritora almeriense estuvo fuertemente ligada a los ideales del regeneracionismo español, hoy patrimonio común.

Colombine pertenece al periodismo porque abrió caminos que ninguna mujer había recorrido antes. Pertenece a la literatura porque dejó una obra inmensa. Pertenece al feminismo porque defendió derechos que entonces parecían imposibles como la defensa de la familia y, como docente, los derechos de la infancia, reclamando la igualdad entre los hijos nacidos dentro y fuera del matrimonio. Pertenece a la educación porque creyó que enseñar era una de las mejores maneras de transformar la sociedad. Pertenece, en fin, a Almería, donde están sus raíces, sus recuerdos de infancia y buena parte de la tierra que alimentó su imaginación.

Ahora que por fin la Alta Velocidad está colocando a Almería en el mapa ferroviario español, tenemos una oportunidad magnífica para convertir nuestro anhelo en una realidad visible y duradera. Y hacerlo con Colombine tendría además una fuerza simbólica extraordinaria. Poner su nombre a la estación no consiste solamente en colocar unas letras sobre su fachada. Consiste en conseguir que cada tren que salga de Almería lleve consigo, simbólicamente, el de una mujer que creyó en la libertad, en la cultura, en la educación y en el periodismo.

Por eso, la propuesta de la AP-APAL pretende que Almería tenga una estación donde se cuente una historia. La de una mujer que salió de aquí como maestra y periodista para conquistar el mundo con una maleta, una pluma y una extraordinaria voluntad de ser libre. Ha sido la mujer almeriense más influyente de la historia de España contemporánea. De hecho, como me explicó la propia Asunción Valdés, el Rey Felipe VI citó a Colombine en la Universidad Federico II de Nápoles, tras su investidura como Doctor Honoris Causa en diciembre de 2024. En su discurso, Felipe VI utilizó las palabras de Carmen de Burgos para referirse a Nápoles, recordando que ella definió a la ciudad como el "jardín del mundo".

Estación de Almería - Carmen de Burgos “Colombine”. Dicho en voz alta suena muy bien. Pero, sobre todo, suena a justicia.