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Por Rafael M. Martos
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jueves 15 de enero de 2026, 06:00h
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A estas alturas de la película, alguien debería avisar en la Moncloa de que el maná europeo no es como el sol de Almería, que sale gratis cada mañana por el Cabo de Gata. Entramos en 2026 y el cronómetro de Bruselas no solo corre, es que está a punto de dar el último pitido. Mientras el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su escudero en Transportes, Óscar Puente, se han pasado meses aplicando la doctrina del "no pasa nada si no hay Presupuestos Generales porque tenemos los Next Generation", la realidad es que el cajón de los cuartos europeos tiene ya el fondo a la vista.

En la provincia de Almería, donde estamos acostumbrados a que las inversiones lleguen con cuentagotas y casi siempre con retraso, el panorama es para echarse a temblar. Solo las entidades locales de la provincia manejan más de 104,5 millones de euros en obras que, legalmente, deben estar terminadas y certificadas antes de que las uvas de este año nos den las doce. Si no se ejecutan a tiempo, el dinero vuelve a Bruselas y aquí nos quedamos con el socavón y la cara de circunstancia.

El Ayuntamiento de Almería, bajo la batuta de la Junta de Gobierno Local, se ha embolsado más de 11 millones de euros para una treintena de proyectos que suenan muy modernos pero que, sin el cheque europeo, serían ciencia ficción. Tenemos los 3,7 millones de la estrategia 'Almería Ciudad Smart Mobility' —que esperemos que nos haga más listos a todos, no solo a los semáforos— y los 2,7 millones para que el Museo Espacio Dos colonice el antiguo Preventorio.

Pero no solo la capital vive del "gracias, Europa". En El Ejido, con otros 10,9 millones gestionados, se han puesto creativos: un Agriculture Experience Center en Almerimar y hasta un Centro de Experiencias Gastronómicas en el antiguo Cuartel de Carabineros. Todo muy experiencial, sí, pero financiado con un dinero que tiene fecha de caducidad.

Lo más sangriento, sin duda, es el soterramiento. Aquí el Estado, a través de Adif-AV, se juega el prestigio y nuestra paciencia. El secretario de Estado de Transportes, José Antonio Santano, ya soltó en su día que el último trimestre de 2026 es la fecha "obligada". Es el soterramiento del "ahora o nunca", porque si las vías no están bajo tierra y la estación intermodal no es una realidad para entonces, la financiación a fondo perdido se esfuma como el poniente.

La irresponsabilidad de fía todo el crecimiento a unos fondos temporales, mientras el Estado es incapaz de aprobar unas cuentas propias, es de manual de primero de populismo. ¿Qué va a pasar en Almería cuando el grifo del Mecanismo para la Recuperación y la Resiliencia (MRR) se cierre?

Desde el Proyecto Galasa Digital (4,8 millones para que el agua del Levante no se pierda por el camino) hasta las residencias de mayores en Benahadux, Tíjola o Laujar, todo depende de un presupuesto europeo que no tiene prórroga. La Comisión Europea ya ha dicho que el 31 de agosto de 2026 es el final del trayecto.

A partir de ahí, nos quedaremos solos ante el peligro, con una Comunidad Autónoma como Andalucía que tendrá que hacer malabares y un Estado que parece más ocupado en sobrevivir al día a día parlamentario que en planificar qué comeremos cuando se acaben las sobras del banquete de Bruselas. En Almería, como siempre, nos tocará mirar al cielo, pero esta vez no para que llueva, sino para ver si cae algún otro milagro burocrático que nos salve de la parálisis.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería y Coordinador de la Delegación en Almeria de 7TV Andalucía

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia", "Más allá del cementerio azul", "Covid19: Diario del confinamiento" y "Por Andalucía Libre: La postverdad construida sobre la lucha por la autonomía andaluza". Y también de las novelas "Todo por la patria", "Una bala en el faro" y "El río que mueve Andorra"