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Hamlet y el Partido Popular

martes 05 de abril de 2022, 17:57h

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El congreso nacional del PP, según lo previsto, ha entronizado a Alberto Núñez Feijóo como presidente.

Mientras llega el café, nuestros amigos escuchan las noticias y el marino comenta:

—Este congreso del PP cierra una profunda e inexplicable crisis. A partir de aquí habrá que ver el rumbo que toma este partido, cuáles van a ser sus propuestas, su política y su oposición que, como principal partido de la oposición debe ejercer al gobierno de Pedro Sánchez, un presidente que no ha dejado de pedir «lealtad y unidad» a la oposición, aunque no cuente con ellos y no pierda la oportunidad de mentir y engañar.

La llegada de Núñez Feijóo viene causada por un periodo polémico y yermo. Las traiciones, las mordazas internas y lo que se ha visto, determinan que el Partido Popular ha estado en manos de un tándem bisoño, efectista e inexperto, pero sin ideas e incapaz de llevar la nave a buen puerto.

El PP de Pablo Casado no supo hacer la oposición adecuada en un momento crítico, con muchos frentes abiertos: pandemia, situación económica y los problemas de un gobierno de coalición apoyado por independentistas y etarras. Parecería que estaban conformes en la oposición. Para las cúpulas de los partidos esta situación no es la peor; mantienen privilegios y poco desgaste.

Ahora toca a Feijóo abandonar su galleguismo, que no se perciba como un «to be or not to be that is the cuestión» y un liderazgo nacional que, a buen seguro, no estará exento de traiciones y vicisitudes como en la obra de Hamlet.

Para que el PP retorne a resultados de antaño, debe idear un partido ganador, con un proyecto ilusionante que enderece muchas de las cosas que se han deteriorado, cuando algunas de ellas estuvieron en sus manos solucionarlas mientras gobernaban.

Comenta la joven profesora:

—También este nuevo PP, tendrá que clarificar su posición en sus pactos de gobernabilidad con otras fuerzas políticas. No olvidemos que, en el horizonte electoral, antes de las generales hay autonómicas y municipales, y de esos resultados, seguro que necesitarán pactar con otras formaciones.

Feijóo deberá aclarar sus cautelas con Vox por tres razones. La primera es que ese partido no es ni más, ni menos extremista, anticonstitucional o dañino que cualquiera de los que están gobernando con Sánchez o apoyándole parlamentariamente; por ello no es comprensible el complejo del PP.

La segunda porque mientras no entiendan las razones profundas de ese «desplazamiento» de su electorado que, no obedece tanto a motivos ideológicos, como al desánimo, la pérdida de credibilidad y a las promesas incumplidas que han percibido sus votantes.

La tercera es que, salvo cambios sustanciales, si el PP quiere recuperar poder tendrá que hacer lo mismo que hace el PSOE, pactar, pactar sin complejos El bipartidismo, por el momento, ha muerto.

Sigue el marino:

—Todo esto es una tarea compleja, pero Feijóo tampoco debe atender los mensajes de Vox instándole a que opte entre «un pacto con Sánchez o una alternativa nacional con Vox», así, esto no es de recibo.

La situación económica actual, las pésimas previsiones, sumado al deterioro de la calidad institucional y democrática que se ha experimentado, justifican ampliamente que Feijóo, con su llegada a la presidencia del PP, por su experiencia política, de gestión y con una actitud de hombre de Estado, como primer paso, intente un pacto de gobernabilidad con el gobierno actual.

Aunque el resultado de este intento, conociendo la trayectoria de Pedro Sánchez, es totalmente predecible. No va a haber pacto, su pretensión será intentar que asuma, sin negociación, lo que él diga. No se debe olvidar que, hasta la fecha, lo que se ha visto son trampas de elefantes y en algunas cayó Pablo Casado.

Además, la situación del país requiere más un pacto de Estado que uno de gobernabilidad, aunque en la negoción éste se debe contemplar.

Urge acabar con la politización de la justicia. Si Alfonso Guerra enterró a Montesquieu, a la vista de los resultados, lo mejor sería resucitarlo y volver al espíritu de la Constitución.

Habría que actualizar la ley electoral para que el principio de «una persona, un voto» se haga realidad y acabar con que el voto de ciertas zonas valga el doble o el triple. Ya de paso que se cree mecanismo que evite el poder decisorio de las minorías para formar gobierno.

Ya en este pacto de Estado-Gobernabilidad podríamos incluir acuerdos para equilibrar el gasto público, reducir la dependencia energética, fomentar nuestra industrialización o erradicar los incumplimientos legales del independentismo catalán o el chantaje económico del País Vasco.

Puestos a soñar, introducir que se recuperen, a nivel nacional, algunas materias de justicia, sanidad o educación, para evitar duplicidades, modernizar sistemas y crear cohesión nacional. Sin que ello suponga un menoscabo del tablero autonómico, pero para «jugar al escondite» mejor no perder el tiempo y no desgastarse.

Si Feijoo quiere recuperar el voto perdido debe transmitir a los electores que es un líder nacional, que es fiable y que cumplirá, si llega al poder, todas sus promesas y que acometerá los cambios necesarios, alejándose de lo que el PP hizo en el pasado.

Continua la joven profesora con tono jocoso:

— Aunque sabemos por la mitología que cuando Pandora abrió el «phitos» se escaparon todos los males del mundo y sólo quedó el «elpis», es decir, la esperanza. Apelemos, pues a ese espíritu, porque es lo único que vamos a tener.

Sonríen y el marino concluye:

—Lo único cierto es, que no tenemos tiempo a aburrirnos y que los próximos meses pueden ser excitantes.

Mientras nosotros intentemos seguir sobreviviendo y manejaremos nuestro barco.

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