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Lo peor no es lo que dicen

viernes 17 de enero de 2020, 12:46h

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Resulta ocioso e improductivo lacerarse y lamentar el impúdico comportamiento de unos gobernantes que se han acreditado como la peor tanda de políticos que, hasta ahora, ha conocido nuestra democracia y Estado de Derecho.

A cinco minutos de detentar el poder ya se escuchan admoniciones del Consejo General del Poder Judicial ante las declaraciones del vice comunista denostando nuestras altas instancias judiciales a las que, dice falsariamente, Europa les lleva la contraria: todo un patriota y repentino converso europeísta. Por otro lado, qué decir sobre la “novel” Dolores Delgado, que “se merece una oportunidad”, como si se tratase de un periodo de entrenamiento como becaria en prácticas ejerciendo de ministro de Justicia, conservando su escaño como diputada del PSOE… El problema no radica en la cualificación, sino en el cuajo que hay que tener como colaborador necesario de Pedro Sánchez para embaularse toda la mugre del “procés”.

Esto no es nuevo. Zapatero se anticipó en la charlotada con la inolvidable portada del “Vogue”. Una fauna ministerial de inusual pelaje (me refiero a los atuendos de peletería de alta costura) que exhibían las que dotarían a ese presidente Némesis la cualidad de “conjunción planetaria”. Aquellos esperpentos adquieren hoy tintes de auténticos estadistas en comparación a la zafiedad de la siguiente tanda “progresista”. Punto y aparte para la tal Beatriz Gimeno, directora del Instituto de la Mujer, que aboga por la “penetración anal de los hombres para lograr la igualdad”. Me pregunto de qué contenedor se remueven estos nombramientos, y qué se pretende colocando a estos especímenes en instituciones que, con su hedor intelectual, las convierten en chiringuitos putrefactos.

Una tipa se mea en la Gran Vía de Murcia… y jefe de prensa de Ada Colau; otra aboga por la depravación y sodomía… y al Instituto de la Mujer; otra se codea con Villarejo y se regodea de la condición sexual de Marlaska… pues fiscal general del Estado; otra compra el silencio de una trabajadora explotada y humillada (escolta-recadera)… y ministro de Igualdad.

Ya digo que no merece la pena persistir en lamentar una caterva cuidadosamente elegida con el propósito de generar general indignación, desviando el interés de asuntos más importantes. Habrá que acostumbrarse a estas excrecencias, sinónimo de progresismo del nuevo PSOE (ahora, Socialismo de Autor).

En nuestro ámbito más inmediato, la provincia de Almería va a tener serios problemas ante las medidas que pergeña este gobierno socialcomunista. En lo que respecta a la facción socialista “a Almería siempre le fue bien con un gobierno socialista”, Sánchez Teruel dixit. Exactamente es todo lo contrario. Con el PSOE en el Gobierno de España; el PSOE en Andalucía; el PSOE en la Diputación; el PSOE en la capital y el PSOE en el 80% de los pueblos de la provincia tuvimos serios problemas para conseguir las autovías y se lanzó la campaña “Almería sin salidas” y “La Burromarcha”. Con esa conjunción planetaria del PSOE por tierra, mar y aire Almería no levantaba cabeza y se produjo la mayor contestación popular que contribuyó a acelerar las vías de comunicación vitales para sacar nuestros productos hortofrutícolas. Si no fuese por aquello, la autovía de Almería discurriría por los Vélez, y seguiría vigente la N-340 y el puente de Rioja.

En cuanto a la facción comunista, no olvidemos que el consejero áulico del vice Iglesias es el fracasado candidato por Almería (exJEMAD José Julio), que se fue de aquí haciendo fu como el gato. Por tanto, no es previsible que el general podemita tenga ánimo de premiación hacia un electorado que le privó del escaño, “garantizado” según los estrategas que prospectaron apoyos en el amplio colectivo militar de la plaza.

Van a intentar perseverar a costa de cambiar los principios por los que sean menester en cada momento y circunstancia, adecuándolos al modelo marxista del genial Groucho. Ya sabemos quiénes son, pero no sabemos hasta dónde son capaces de llegar, y eso es lo más inquietante. Es más productivo precaverse ante los hechos y las intenciones de los que tienen el BOE. El resto, aun teniendo su cuota de poder, habrá que aceptarles como daño colateral de rasputines y “progresistas” espurios.