Y no les da vergüenza. Mienten en el partido, en el gobierno, en los ayuntamientos y en todas aquellas instituciones en las que han metido la mano. Por no decir otra cosa, que es lo que parece. Mintieron cuando negaron la invasión a Ceuta, cuando nos dijeron el número de los que habían atravesado la frontera, cuando anunciaron que solo quedaba dos mil de los que habían invadido un territorio español. Se les dijo que eran más de diez mil los que pululaban por la ciudad autónoma, y llego la negativa. En la ciudad oficialmente se preparan ocho mil comidas diarias, más las que puedan en barrios, como en el Principe, elaborar los propios vecinos. Intentan rectificar, y vuelven a mentir. Ahora ya reconocen que son cinco mil, y mienten de nuevo, por los datos de las comidas repartidas. Dicen que saldrán todos, que volverán a Marruecos y quinientos están preparados para ir a la península.
¡Mentirosos!
Lo suyo es mentir, mentir y seguir mintiendo. Ha llegado el momento en el que se mienten entre ellos mismos. Ahí tienen el caso entre Margarita y el resto del gobierno. Y no les da vergüenza, y no dimiten ninguno. Te miente una concejala de cualquier municipio cuando te dice y te asegura que ese local no se usó nunca como centro social, o salón social por parte de los vecinos. Si te mienten en cosas tan pequeñas, qué no harán cuando se trata de problemas que afectan a miles de españoles. Te mienten, te engañan cuando no quieren que te enteres de lo que de verdad pasa en la política que nos están vendiendo. Y cuando no mienten, esconden tras el secreto oficial, hasta el gasóleo que usa el falcon, o los viajes que ha hecho a esas islas donde los secretos bancarios se guardan con celo, y hasta los viajeros que volaban con él, donde el dinero es recibido, guardado y atesorado para cuando ellos lo necesiten, si algún día no ven con tranquilidad su permanencia en España. Que sería de desear que fuera cuanto antes. Han hecho de la mentira su religión, su forma de vida. Y lo más triste es que ya no saben vivir sin ella. Te mienten cuando se le descubre que el se iba de nuevo de vacaciones. Mentir se ha convertido en su seña de identidad.
Lo que deberían saben es que esas mentiras que sin pudor alguno salen de sus bocas se vuelven contra ellos. Se les desmontan los bulos, y son los propios vecinos de Ceuta los que últimamente lo están haciendo, dando la sensación al resto del país de que son los únicos que le están echando algo de coraje a la cuestión. ¿Cómo se puede tener confianza en quien te engaña? ¿Cómo les crees cuando vienen con otras historias, cuando las cambian cada día, si así lo dicen los cientos de asesoras que sientan sus traseros en la Moncloa? Se creen que somos estúpidos o tontos los ciudadanos, y algunos no digo que no lo parezcamos, y así nos luce el pelo. Solo tenemos que mirar al sur y los créditos que les hemos dado a Marruecos para entender que algo se cuece entre Pedro y el rey alauita. Ahora dicen que son préstamos, que serán devueltos, pero nunca se nos ha dicho cómo lo serán.
Esa falta de confianza por parte de la ciudadanía, no toda, pero cada vez más numerosa, es lo que se ganan los políticos, en este caso los del Psoe, y los que con sus silencios le acompañan manteniendo el actual régimen. ¿Existe el político que no mienta? ¿Existe esa rara avis en nuestro país? Debe existir, no digo que no los haya en algún rincón del mundo, pero en España no se ha dado a conocer todavía ese político que pueda presumir de que no miente. ¿Aparecerá en algún momento? Lo veo difícil. Somos una tierra de grandes chorizos y de las mejores longanizas del mundo. Es como la dimisión, existen países, aunque algunos no se lo crean, donde los políticos dimiten tras un error o una mentira, aquí los nuestros lo deben tener prohibido por ley. No dimite ni el gato.