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Mohamed El Morabet, autor de la novela “Un solar abandonado”, en la feria del libro de Almería
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Mohamed El Morabet, autor de la novela “Un solar abandonado”, en la feria del libro de Almería

martes 23 de abril de 2019, 18:45h

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El viernes 26 de abril a las 20 horas, el poeta almeriense Juan José Ceba conversará con el escritor de Alhucemas Mohamed El Morabet, autor de la novela “Un solar abandonado” que se presenta en la Feria del Libro de Almería.

Ismael Atta, traductor introvertido y frustrado, viaja de Madrid a Alhucemas, su ciudad natal, con la esperanza de llegar al entierro de su abuela. Un solar abandonado cuenta ese viaje en el que se mezclan, junto al humo de sus cigarrillos, la huida con el deseo de iniciar una vida nueva, la realidad con los sueños, el deseo con el deber, la narración con los textos inexistentes en una lengua oral.

Escribir en una lengua adoptada


La historia de la literatura cuenta con autores que han dejado obras maestras universalmente reconocidas y que fueron escritas en una lengua que no era la de su país de origen. Joseph Conrad, el polaco que adoptó el inglés como su lengua literaria diciendo de él “El inglés es tan plástico… si no tienes una palabra, puedes crearla.”; Samuel Beckett, el irlandés que, después de mudarse a Francia, escribió directamente en francés porque decía que “así le resultaba más fácil escribir sin estilo”; Agota Kristof, la autora húngara que empezó a estudiar francés cuando huyó a Suiza con 21 años y que acabó escribiendo toda su obra en ese idioma; o Vladimir Nabokov, el autor ruso que manejó magistralmente la lengua inglesa. Autores que alcanzaron un profundo conocimiento de unas lenguas que no eran las suyas y que decidieron adoptarlas como parte de su exilio.

Mohamed El Morabet, el autor de Un solar abandonado, originario de Alhucemas e instalado en España desde 2002, ha decidido seguir la estela de estos escritores y adoptar el español como su lengua literaria. Con un lenguaje sumamente cuidado y repleto de sutiles metáforas, El Morabet abre una puerta en España que había permanecido cerrada durante demasiado tiempo. Como ha dicho Sergio del Molino “Mohamed representa la vanguardia de la literatura que viene.”

“Después del sorbo de prueba, añadió dos cucharadas de azúcar blanco a la tetera y removió con entusiasmo y delicadeza para que se disolvieran. Era una disolución lenta e inevitable, como la rotura de los vínculos entre personas a lo largo de una vida viajera.”

“Era una disolución lenta e inevitable, como la rotura de los vínculos entre personas a lo largo de una vida viajera”

“De repente, presentí que alguien me hablaba. Me decía: ‘¿Quieres que desayunemos, Atta?’ Era una voz vaga y con apetito. Pronunciaba ‘Atta’ con elegancia y sonoridad, y eso que la doble t que incluía mi apellido podía llegar a despistar a cualquier deletreador profesional. Aquella voz era la mismísima voz de un hambre nocturna.”

“¿Cómo debe comportarse una persona cuando regresa a casa después de ocho años de ausencia? Desde luego, yo no lo sabía. Ningún manual me había prevenido de la adversidad que se podía llegar a pasar en aquel trance. El tiempo lo había borrado todo, al menos a lo que me aferré ardientemente: el pasado.”

“Alhucemas olía a sardinas. Sardinas asadas y dulces. Las gaviotas revoloteaban desquiciadas por la escasez de comida. Los gatos rivalizaban por los pocos peces podridos que tiraban los pescadores. Más tarde, me contaron que, tanto las gaviotas como los gatos, subían a menudo a la ciudad, para revolver en las basuras humanas en busca de algo comestible. El asfalto de la ciudad desprendía un sopor propio de una vida tremendamente pausada. Pasaron tres o cuatro taxis, pero ninguno se dignó a parar para recogerme. Como solo llevaba mi mochila ligera, decidí andar hasta la casa de mi madre. Después de todo, mi espalda agradeció aquella caminata tras tantas horas sentado en el coche. Mi cuerpo se degradaba a pasos agigantados, más o menos con la misma celeridad con que iban desapareciendo los cigarros.

Eran las tres y media de la tarde de un martes marroquí.”
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