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Manosear a las mujeres

Manosear a las mujeres
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Por Rafael M. Martos
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directornoticiasdealmeriacom/8/8/26
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viernes 16 de enero de 2026, 06:00h
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Parece que en la política de este Estado llamado España, la anatomía femenina se ha convertido en el campo de batalla preferido para el postureo de quita y pon. Aquí, en la provincia de Almería, donde el sol suele dejar las cosas bastante claras, resulta fascinante observar desde la barrera cómo en los despachos de Madrid y Sevilla la ética se estira y se encoge según el carné de identidad del presunto manos largas. El título no es un capricho: a las mujeres se las manosea físicamente cuando se las agrede, pero se las manosea moralmente cuando se las utiliza como munición de campaña, y ahí hay mujeres que entran en el juego.

La actualidad nos brinda un catálogo de coherencia digno de estudio. Tenemos a la ministra de Igualdad, Ana Redondo, y a la vicepresidenta Yolanda Díaz, compitiendo en una carrera de obstáculos por ver quién condena antes a Julio Iglesias. El cantante, que a sus 82 años ha pasado de ser el truhán y el señor de las gasolineras a enfrentarse a una denuncia en la Audiencia Nacional presentada este 5 de enero por dos antiguas empleadas, ya ha sido sentenciado en el tribunal de las tertulias progresistas. No importa que los hechos denunciados ocurrieran supuestamente en Punta Cana o Bahamas; para el Gobierno, la presunción de inocencia es un lujo que Julio no se puede permitir, quizá porque su árbol genealógico político nunca ha olido a rosa socialista.

Lo mismo sucede con el fallecido Adolfo Suárez. Resulta conmovedor ver a la ministra Redondo recibiendo con honores a la mujer que denuncia haber sido violada por el arquitecto de la Transición. El Gobierno le otorga "credibilidad total" a una acusación contra un muerto, lo cual es muy cómodo, porque los muertos no conceden réplicas ni votan en contra en el Congreso.

Sin embargo, esa hiperacusia ministerial se vuelve sordera súbita cuando el ruido sale de las propias filas. El caso de Francisco "Paco" Salazar, exasesor de confianza de Pedro Sánchez en La Moncloa, es el monumento al cinismo. Resulta que las mujeres del PSOE utilizaron los cauces internos del partido para denunciar acoso sexual y, ¿qué obtuvieron? El silencio administrativo más absoluto. Ferraz llegó a culpar a un "fallo informático" de la desaparición de las denuncias en su plataforma interna. Hay que tener mucho cuajo para decirle a una víctima que su testimonio se lo ha tragado un algoritmo. Solo cuando la prensa —y no precisamente la de derechas— sacó el escándalo a la luz, el partido se acordó de que era feminista. Hasta entonces, Salazar seguía en su puesto, igual que ocurrió con Íñigo Errejón en Sumar hasta que el hilo de Cristina Fallarás hizo insostenible la omertá de sus compañeros en la Comunidad Autónoma de Madrid.

Pero no se rían todavía, que en la otra acera el espectáculo es igual de bochornoso. Isabel Díaz Ayuso, que hace apenas un mes utilizaba el "caso Salazar" como látigo para azotar al socialismo —exigiendo dimisiones en bloque y dando por sentada la culpabilidad del acusado sin esperar a un juez—, se ha transmutado ahora en la mayor defensora de la presunción de inocencia de Julio Iglesias. Según la presidenta madrileña, las mujeres "violadas y atacadas" están en Irán, restando importancia a las denuncias locales para proteger al mito de la derecha sociológica. Es el feminismo de Schrödinger: la víctima es sagrada si el agresor es del equipo rival, pero es una exagerada o una herramienta del "comunismo" si toca a los nuestros.

Al final, el panorama que queda en España es el de una clase política que solo cree a las mujeres cuando el calendario electoral lo recomienda. Se llenan la boca con la protección a la mujer mientras vemos cómo los protocolos internos fallan más que una escopeta de feria cuando el denunciado tiene despacho oficial.

Es desolador comprobar que, para estos líderes, el cuerpo de la mujer no es un espacio de derecho, sino un trozo de barro que manosear para lanzárselo a la cara al adversario. Mientras tanto, en Almería, seguiremos esperando a que alguien se tome en serio la dignidad de las víctimas, sin mirar si el que puso la mano encima llevaba una gaviota o una rosa en la solapa.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería y Coordinador de la Delegación en Almeria de 7TV Andalucía

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia", "Más allá del cementerio azul", "Covid19: Diario del confinamiento" y "Por Andalucía Libre: La postverdad construida sobre la lucha por la autonomía andaluza". Y también de las novelas "Todo por la patria", "Una bala en el faro" y "El río que mueve Andorra"