La segunda sesión del juicio con jurado por el presunto asesinato de un hombre en enero de 2021 en el municipio de Roquetas de Mar ha puesto el foco en la minuciosidad con la que se habría ejecutado el crimen en la provincia de Almería. El responsable del equipo de homicidios de la Policía Judicial de la Guardia Civil ha comparecido este viernes para detallar que la víctima fue sometida a un seguimiento en toda regla por parte de sus sicarios, utilizando como señuelo una cita previa con uno de los dos hermanos acusados de encargar la muerte.
Según la investigación desarrollada en el Estado español, este encuentro sirvió como una trampa para monitorizar todos los movimientos del fallecido antes de consumar el ataque en lo que se considera un ajuste de cuentas derivado de un presunto vuelco de hachís.
El mando del Instituto Armado ha defendido la solidez de las pesquisas frente a los cuestionamientos de las defensas, que intentan sembrar dudas sobre otras posibles líneas de investigación para exculpar a los seis procesados, quienes se enfrentan a peticiones de condena que oscilan entre los 23 y los 10 años de cárcel. El instructor del atestado ha explicado ante el jurado que la investigación fue especialmente compleja y se dilató durante casi tres meses, partiendo del aviso de una testigo que presenció los hechos desde su propio vehículo. Esta persona alertó a las autoridades tras ver cómo dos encapuchados disparaban a un conductor en la vía de servicio de Las Colinas de Aguadulce a plena luz del día, antes de abandonar la zona en un coche antiguo de tipo berlina y color oscuro.
El análisis de las cámaras de seguridad y videovigilancia privada fue determinante para identificar un BMW 320 antiguo de color negro y con unas muy específicas llantas doradas que abandonó el lugar momentos después del tiroteo por la rotonda del Edificio Carrida. Los agentes comprobaron mediante el visionado de imágenes que este vehículo había seguido a la víctima durante 45 minutos y a lo largo de siete kilómetros, desde la rotonda del centro comercial Gran Plaza hasta el punto del suceso. El jefe de la investigación ha valorado que los ocupantes del coche emplearon técnicas de seguimiento propias de profesionales, manteniendo distancias y tiempos de espera técnicos para evitar ser detectados por el objetivo, quien finalmente recibió un disparo mortal en el cuello.
El móvil del crimen reside, según la tesis de la Guardia Civil, en una supuesta deuda y amenazas previas que la víctima y su esposa habían recibido tras verse obligados a huir de la localidad de Vera. La investigación logró recuperar cerca de 167 mensajes en la plataforma Messenger donde uno de los hermanos investigados reprochaba al fallecido un supuesto robo de droga a unos ciudadanos franceses, tildándolo de ladrón y reclamándole el pago de 50.000 euros. Además, el mismo día de los hechos, ambos concertaron una cita mediante audios de teléfono en los que utilizaban un lenguaje convenido para hablar de la entrega de una pieza de sustancia estupefaciente, lo que habría servido para conducir al hombre hacia la emboscada definitiva en Aguadulce.
Las pruebas técnicas aportadas en esta fase del proceso incluyen la activación de tres teléfonos de seguridad con numeración correlativa apenas dos horas después del asesinato en la zona de La Mojonera. Los agentes también vinculan a uno de los supuestos ejecutores mediante el hallazgo en su vivienda de una caja de munición compatible con el arma del crimen, a la que le faltaban exactamente cuatro proyectiles, cifra que coincide con el número de disparos descritos por los testigos. Respecto a los dos colaboradores restantes, aunque su ubicación exacta por triangulación de antenas no es tan precisa, las llamadas registradas con los autores materiales minutos antes del suceso refuerzan la tesis policial de que formaban parte de un plan de apoyo logístico coordinado desde distintos puntos de la provincia.