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Julio en enero

Por Angel Rodríguez Fernández
domingo 01 de febrero de 2026, 20:27h
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“Me estoy quitando…” Ese era el estribillo de una de las más populares canciones del grupo musical Extremoduro, cuyo cantante Robe Iniesta ha fallecido recientemente. Pues bien, yo también me estoy quitando; me estoy quitando de participar en jurados populares, y mira que es difícil. Aquí nos tienen a los “juristas populares” esperando despellejar a alguien. Pero, siguiendo la letra de la canción, “de vez en cuando” me asomo a uno de estos procesos mediáticos.

El penúltimo fue un proceso con tintes necrófilos sobre Adolfo Suárez y su secretaria. Ahí nos tenían a todos citando vía ouija al muerto, por eso de la presunción de inocencia, pero no había manera. Bueno, condenado por inasistencia y fuera aeropuerto Adolfo Suárez; tal vez mejor Josef Stalin o Mao Zedong.

Y llegamos a Julio en enero, como siempre llegan: como un torrente de acusaciones que se vomitan sobre la televisión. Y unos juristas sin toga, como los curas tras el Concilio Vaticano II, comentan antiguas imágenes televisivas del susodicho besando y abrazando con ansia viva. Condenado por hortera, por besucón y por baboso. Y a otra cosa, mariposa. O mejor dicho, a otro varón bobalicón, que aún quedan muchos a los que ajusticiar.

Si Jesucristo andara sobre los mares actuales, a pesar de sus poderes celestiales no daría abasto a reducir turbas y linchamientos. Su diatriba: “Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra”, sonaría a pregunta retórica y, con el “quien” del comienzo, ya se habrían arrojado cientos de proyectiles, acompañados de insultos e improperios.

¿Cómo dejar pasar fiestas tan divertidas? Las entrañas no esperan y queremos santificarnos a través de la piel de los condenados; perdón, quise decir acusados. Cuando nos hemos serenado, los interfectos están ya lapidados. Qué más da que ya no haya juicio por falta de pruebas o jurisdicción; qué más da la verdad. Lo que importa es el bien común por encima de los derechos humanos, esas prerrogativas pequeño burguesas que impiden al pueblo tomar la justicia por la solapa.

“Me estoy quitando”. ¿Qué significa esto? Que no voy a entrar en el pipeo, en el salseo, en el sopeo. Que las condenas públicas me suenan a caza de brujas, a acuerdos chuscos que han decidido otros.

Bienpensantes, pero algo hemipléjicos: horas de televisión discutiendo si son galgos o podencos los besos de Rubiales y minutos en resolver la masacre de los activistas por los derechos humanos en Irán. A mí no me pillan; me estoy quitando… aunque de vez en cuando me acerco a las turbas y les susurro: “Tal vez, ¿no estaréis equivocados?”

Angel Rodríguez Fernández

Profesor de Matemáticas en el IES Fuente Nueva de El Ejido