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El tesoro milenario de Abrucena que desafía las cumbres de Sierra Nevada

El tesoro milenario de Abrucena que desafía las cumbres de Sierra Nevada
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Con casi 300 hectáreas situadas a una altitud excepcional en Europa, este bosque de encinas centenarias se consolida como un reducto ecológico único en el Estado español

Por Ana Rodríguez
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domingo 15 de marzo de 2026, 11:01h
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En el corazón de la vertiente norte de Sierra Nevada, dentro de los límites geográficos de Abrucena, se extiende una de las joyas botánicas más singulares de todo el continente europeo. El conocido como Encinar de Abrucena no es solo un conjunto de árboles, sino un vestigio vivo de los bosques nativos que poblaron originalmente estas cordilleras, manteniendo su esencia a pesar del paso de los siglos y la presión climática. Este ecosistema abarca una superficie aproximada de 300 hectáreas y se distingue fundamentalmente por su ubicación estratosférica, situándose en una franja de altitud que oscila entre los 1.400 y los 1.800 metros sobre el nivel del mar. Esta cota es extremadamente inusual para la especie Quercus rotundifolia, ya que las encinas suelen ocupar terrenos más bajos, lo que convierte a este enclave de la provincia de Almería en un laboratorio natural de resistencia y adaptación biológica.

La importancia de este bosque radica en su carácter de reliquia forestal, habiendo sobrevivido a la explotación histórica de la madera y el carbón que transformó gran parte del paisaje andaluz. Al situarse en la cara norte, el encinar se beneficia de una mayor humedad y de temperaturas más frescas que en la vertiente sur, lo que ha permitido que ejemplares de dimensiones monumentales y troncos retorcidos por el tiempo alcancen edades centenarias. La densidad y el estado de conservación de este paraje dentro de España lo sitúan como un punto de alto valor para la biodiversidad, sirviendo de refugio a una fauna diversa que incluye desde la cabra montés hasta aves rapaces y pequeños mamíferos forestales que encuentran en la bellota de estas encinas un sustento fundamental durante los meses de otoño e invierno.

La gestión y preservación de este espacio recae bajo el paraguas de protección del Espacio Natural de Sierra Nevada, supervisado por la Junta de Andalucía. Las políticas de conservación aplicadas en la zona buscan garantizar que el relevo generacional de estos árboles se produzca de forma natural, protegiendo los brotes jóvenes del pastoreo excesivo y monitorizando el impacto del cambio climático, que supone la mayor amenaza actual para estos bosques de alta montaña. Para la provincia de Almería, el Encinar de [Abrucena] representa no solo un activo ecológico de primer orden, sino también un recurso de desarrollo sostenible a través del turismo de naturaleza y el senderismo responsable. Rutas como la que une el área recreativa de El Castillejo con las zonas altas del monte permiten a los visitantes apreciar la magnitud de estos ejemplares sin comprometer la integridad del suelo y la flora circundante.

La integración de este bosque en la cultura local de Abrucena es profunda, siendo un símbolo de la identidad serrana del municipio y un testimonio de la interdependencia entre el ser humano y el medio ambiente a lo largo de la historia. La presencia de estas encinas a 1.800 metros de altitud es un fenómeno que atrae periódicamente a investigadores de la Universidad de Almería y otros centros académicos, interesados en estudiar cómo estos árboles gestionan los recursos hídricos en condiciones de frío extremo y nieve. Este enclave se mantiene como uno de los pilares de la infraestructura verde de la provincia, recordando la importancia de proteger los escasos bosques primigenios que aún quedan en el Estado español como garantía de resiliencia frente a los desafíos ambientales del futuro.

Rutas senderitas entre gigantes

El acceso a este ecosistema privilegiado tiene su punto de partida principal en el Área Recreativa El Castillejo, un enclave estratégico situado en el término municipal de Abrucena. Desde este paraje, el visitante puede adentrarse en el Sendero Local SL-A 166, conocido específicamente como el Sendero del Encinar, una ruta circular de aproximadamente cinco kilómetros y medio que atraviesa el núcleo más denso de estas encinas centenarias. El recorrido está diseñado para mostrar la transición de la vegetación de ribera hacia el bosque mediterráneo de alta montaña, alcanzando cotas que superan los 1.700 metros de altitud. A medida que se asciende por la ladera norte, el terreno se vuelve más exigente, pero ofrece a cambio la oportunidad de contemplar ejemplares de Quercus rotundifolia con perímetros de tronco que evidencian siglos de crecimiento ininterrumpido en las faldas de Sierra Nevada.

La red de senderos en esta zona de la provincia de Almería se complementa con el Sendero de Pequeño Recorrido PR-A 15, denominado La Jairola-El Castillejo. Esta ruta, algo más extensa con sus diez kilómetros de longitud, conecta el casco urbano de Abrucena con las zonas boscosas, permitiendo observar el aprovechamiento tradicional del agua a través de antiguas acequias que todavía hoy irrigan los cultivos de la zona antes de perderse en la espesura del encinar. La señalización de estos caminos, supervisada por la Junta de Andalucía, garantiza que el flujo de personas se mantenga dentro de los límites de seguridad tanto para el senderista como para el entorno natural, evitando la erosión del suelo en un área de alta sensibilidad ecológica.

Caminar por estas rutas supone atravesar una de las formaciones boscosas más estables y antiguas de todo el Estado español. La singularidad de realizar senderismo a casi 1.800 metros de altura bajo una cubierta vegetal tan cerrada es una experiencia escasa en el resto de la península. Los expertos destacan que el mantenimiento de estos senderos es vital para la concienciación ambiental, ya que permiten visibilizar el estado de salud de un bosque que es testigo del pasado forestal de España. La orografía del terreno en esta parte de la provincia exige un calzado adecuado y una planificación rigurosa de la actividad, especialmente en los meses de invierno cuando la nieve puede cubrir las cotas superiores del encinar, transformando el paisaje pero aumentando la dificultad técnica de la travesía.

La preservación de este patrimonio natural es un esfuerzo compartido que cuenta con el apoyo de las instituciones locales y la vigilancia de los agentes de medio ambiente. La integración de estos recorridos en la oferta de turismo activo de Almería busca atraer a un perfil de visitante respetuoso que valore la exclusividad biológica de un encinar que, por su altitud y extensión, no tiene parangón en otras latitudes similares. La experiencia se completa con la observación de la arquitectura tradicional de los cortijos de piedra que salpican el camino, mudos testigos de una época en la que el hombre y el bosque de Abrucena convivían en un equilibrio que hoy se intenta recuperar a través de la protección legal y el uso público ordenado del monte.

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