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Los políticos
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Los políticos

Por Juan Torrijos Arribas
viernes 08 de mayo de 2026, 10:47h
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Son vendedores, charlatanes, trileros. Llenan un cine, un estadio o un rincón de la ciudad. Te venden jarabes crecepelos, linimentos para los dolores, rape para dejar de fumar, polvos para adelgazar, inyecciones para tener largas horas de amor, crema para que la piel no envejezca y consejos, muchos consejos para ser feliz. Y te recuerdan que ellos, sus manos y los remedios que nos ofrecen van a cambiar con la triste y abúlica vida que llevamos.

Se sacan de la chistera, o de la gorra, dependiendo de donde estén haciendo su trabajo, la creación de cientos de miles de puestos de trabajo, subvenciones para poder llegar a final de mes, residencias para cuando seamos mayores, doscientas mil viviendas para los jóvenes y miles de médicos y enfermeros pendientes de nuestra salud y felicidad. Y en lo tocante a medicinas, las que no están en la seguridad social, y que tiene que pagar el ciudadano, volverán a ella, como lo hacían las golondrinas en aquellos años de nuestros poetas enamorados.

Son los paladines de nuestro mundo, los ángeles que nos mandan las alturas para que los humanos seamos felices. Las hadas que vienen con ese milagro que todos estamos esperando. Sus cantos son como los de aquellas sirenas míticas que obnubilaban a los marineros, que los hacían dormir, que los embaucaban en noches de amor inolvidables.

Son nuestros políticos, se parecen tanto a esos trileros que te enseñan la bolita, la bolita, que crees saber dónde está, que incluso crees en lo que ves y en lo que te dicen, pero la famosa bolita no aparece en el interior del vaso que usted esperaba. La han cambiado durante el juego. Es el arte del trilero, del embaucador, del telero de paños de Fuente-Victoria que tocaba en tu puerta en los años sesenta, cambiar la bolita en medio del juego. Son listos estos trileros. Y nosotros algo tontos cuando nos paramos ante sus palabras, cuando no vemos los juegos de sus manos.

Se plantan en las cuatro esquinas de nuestras plazas, se acusan los unos a los otros de tener la solución para mejorar nuestra vida. Sus ideas son las mejores, sus prácticas no tienen rival y sus soluciones van a traer la felicidad a los ciudadanos de este país o comunidad. Estos políticos nuestros, los que cada cuatro año se enfrentan en unas elecciones, los que se presentan ante el pueblo con las bolitas en sus manos, tienen la intención de que les votemos, de que les volvamos a dar nuestra confianza. De nuevo tienen al pueblo ante sus pies. Y ellos, desde el púlpito del poder, volverán a jugar con las ilusiones y las esperanzas de un pueblo que se deja llevar.

Tenemos hasta el diecisiete de mayo para seguir su juego, y no vamos a tener otro remedio que soportar sus promesas, esas que ofertadas en campaña casi nunca se llegan cumplir. Es el trabajo de los políticos, son los vendedores de sueños, los charlatanes de remedios, los trileros de la bolita. Abran paso, estamos en la hora de los líderes de la promesa, cumplida o no, estamos en la hora de los políticos.