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La tortuga mora: víctima del incendio de Los Gallardos

La tortuga mora: víctima del incendio de Los Gallardos

El incendio arrasa miles de hectáreas de un entorno protegido único y pone en riesgo extremo a la población de tortuga mora

martes 21 de julio de 2026, 18:31h
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La biodiversidad del levante en Almería ha sufrido un golpe demoledor. Un grave fuego originado en Los Gallardos ha terminado por calcinar alrededor de siete mil hectáreas, adentrándose de lleno en la Zona Especial de Conservación (ZEC) Sierra de Cabrera-Bédar. Desde el colectivo Ecologistas en Acción han dado la voz de alarma ante el daño ocasionado en lo que definen como un auténtico oasis verde dentro de la geografía peninsular, conocido por albergar una riqueza botánica excepcional y por dar cobijo a uno de los reductos más significativos del reptil terrestre más amenazado de Europa.

El territorio devastado forma parte de la red de protección internacional Natura 2000. No obstante, las voces conservacionistas insisten en que las pérdidas van mucho más allá de un simple número de hectáreas forestales afectadas. La conjunción de suelos de yesos, rocas de origen volcánico, calizas y esquistos, unida al impacto del aire marino y a un régimen de precipitaciones superior al entorno, permitía el desarrollo de más de un millar de especies de plantas, muchas de ellas endémicas o bajo algún grado de protección.

Este enclave geográfico actúa como una infraestructura natural vital, un pasillo ecológico que conecta las cadenas montañosas de la costa con las del interior almeriense. Gracias a esta red de ramblas y cañadas, la fauna puede desplazarse y mantener la diversidad genética de sus poblaciones, garantizando la fortaleza del ecosistema frente a perturbaciones climáticas o incendios. De forma paralela, sirve de nexo entre espacios tan emblemáticos como el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar-Carboneras y el Paraje Natural Karst en Yesos de Sorbas.

Existe una enorme preocupación por la supervivencia de la tortuga mora. Al tratarse de un animal de desplazamiento lento, carece de margen de maniobra para escapar ante el avance vertiginoso de las llamas, lo que hace presagiar una mortandad masiva. El volumen real del impacto sobre la especie solo se podrá concretar una vez que los técnicos realicen las correspondientes evaluaciones sobre el terreno.

El valor botánico y faunístico de este enclave protegido, reconocido formalmente en 2015 tras ser propuesto como Lugar de Importancia Comunitaria a finales de los noventa, abarca cerca de 34.000 hectáreas repartidas por los términos municipales de Bédar, Los Gallardos, Lubrín, Lucainena de las Torres, Mojácar, Sorbas y Turre. Allí conviven una treintena de hábitats de interés comunitario, de los que varios destacan por su extrema rareza en la comunidad andaluza, como las estepas salinas o la vegetación de azufaifos. Asimismo, estas cumbres albergan rapaces como el águila perdicera, el búho real y el halcón peregrino, protegidos a escala europea, además de colonias de murciélagos cavernícolas, galápagos leprosos y vestigios vegetales de alcornoques, encinas o madroños.

Para las organizaciones medioambientales, este desastre no puede achacarse a la mala suerte. La tragedia responde a la combinación fatal de una masa vegetal continua y homogénea —marcada por el pino carrasco y el espartal—, la pérdida de las labores agrarias tradicionales y la abrupta orografía del terreno. Todo ello, combinado con un escenario meteorológico extremo de calor cercano a los 40 grados, bajísima humedad y ráfagas de viento de 50 kilómetros por hora, creó el escenario idóneo para un siniestro de grandes dimensiones en pleno contexto de crisis climática.

Ante la investigación que lleva a cabo la Guardia Civil sobre el posible origen del fuego por el fallo de una línea de tensión, los ecologistas exigen que se aclaren los hechos y se determinen las responsabilidades pertinentes. En caso de ratificarse esta vía, piden una inspección exhaustiva de las infraestructuras eléctricas rurales y que la empresa suministradora asuma la indemnización por los daños causados.

Del mismo modo, se ha solicitado a la Junta de Andalucía apoyo económico y técnico para los municipios de menor tamaño, con el fin de que puedan implantar y actualizar sus planes de emergencia y autoprotección mediante ensayos periódicos.

En materia urbanística, el colectivo ecologista reclama máxima firmeza a la hora de revisar la legalidad de las construcciones erigidas en suelo forestal. Consideran inadmisible la pasividad institucional ante edificaciones irregulares dentro de espacios protegidos, en contraste con la firmeza aplicada en otros escenarios socioeconómicos.

Por último, se reclama un plan de restauración ambiental independiente que dibuje con precisión la severidad de lo ocurrido y no se limite a una simple repoblación de pinos, sino que busque restablecer la mezcla autóctona de matorral, azufaifar y encinar para salvaguardar a la tortuga mora. La recuperación de Sierra de Cabrera requerirá décadas y, aunque la vegetación tenderá a regenerarse, la pérdida de especies botánicas exclusivas y de fauna de reducida movilidad podría resultar irreparablemente definitiva.

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