El balance de la primera mitad de la temporada estival deja buenas sensaciones en la provincia de
Almería, donde los establecimientos hoteleros cerraron el mes de julio con cerca de tres cuartas partes de sus plazas ocupadas. Sin embargo, el sector afronta las semanas centrales de agosto bajo un escenario fuertemente condicionado por las contrataciones de última hora, una tendencia cada vez más extendida entre los viajeros que deciden sus escapadas con escaso margen de tiempo.
La radiografía turística revela comportamientos dispares a lo largo del territorio. Mientras la capital de
Almería alcanzó cifras muy favorables durante el mes pasado gracias a la combinación de ocio, agenda cultural y viajes de negocios, el entorno de Cabo de Gata, en el término de
Níjar, se reafirma como el gran tractor del verano con expectativas de rozar el lleno durante este mes. En una línea más moderada se sitúan las comarcas del interior, cuya actividad avanza a un ritmo más pausado a la espera del empujón final de la demanda.
Desde la representación empresarial del sector destacan que la fluctuación de los datos responde a un comportamiento estructural del mercado dentro del país, donde una parte significativa de las estancias se gestionan incluso el mismo día de la llegada. Asimismo, resaltan que, pese a la espiral inflacionista que encarece la energía, la alimentación y la gestión operativa, la provincia se consolida como una de las alternativas de sol y playa más competitivas de todo el Estado por su equilibrio entre coste y calidad.
Por otra parte, el sector de la restauración nota con mayor intensidad el estrechamiento de los presupuestos domésticos. El alza continuada en los carburantes y la cesta de la compra ha llevado a muchas familias a moderar el consumo fuera del hogar. Tras un inicio de verano flojo en junio y una modesta recuperación a lo largo de julio, los profesionales confían en que el dinamismo de agosto permita reanimar la facturación en bares y locales de hostelería.