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Comer como los ricos

Por Rafael M. Martos
miércoles 26 de agosto de 2026, 08:15h
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Entrar al supermercado en la provincia de Almería se ha convertido en un deporte de riesgo para el bolsillo. La paradoja almeriense se sirve en bandeja de plata: mientras esta provincia presume de ser el huerto del Estado y sostener buena parte de las despensas europeas, llenar la cesta con productos de la tierra exige casi una nómina de eurodiputado. Si antes el lujo era un chuletón de buey, la verdadera ostentación en 2026 es merendarse un tazón de fresas o aliñar la ensalada sin sentir el remordimiento de quien dilapida su patrimonio.

Según los últimos datos del Índice de Precios de Consumo publicados por el Instituto Nacional de Estadística, la inflación alimentaria en el Estado ha vuelto a encender las alarmas entre julio de 2025 y julio de 2026. La subida del coste de la vida no da tregua y los productos que sostienen la famosa dieta mediterránea son, precisamente, los que más han disparado sus precios, alcanzando en varios casos incrementos de dos dígitos.

Las bayas y frutos rojos como las fresas, fresones, frambuesas, arándanos o moras encabezan esta escalada inflacionaria, convirtiendo un puñado de fruta fresca en un bien casi suntuario. A este fenómeno se le suman los cítricos frescos —naranjas, limones, mandarinas y pomelos— con subidas desorbitadas que penalizan el consumo diario más básico. Para rematar el menú, la proteína presuntamente accesible también se suma al rally alcista: tanto los huevos como el pescado fresco, ya sea refrigerado o congelado, asfixian aún más el margen de maniobra de las familias.

La consecuencia sociológica es evidente y sangrienta. Las políticas alimentarias y de salud del ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, Pablo Bustinduy, así como los discursos sobre vida saludable de la consejera de Salud y Consumo de la Comunidad Autónoma de Andalucía, Rocío Hernández Soto, chocan frontalmente contra la cruda realidad del bolsillo. Fiscalizar el alimento ultraprocesado o lanzar campañas divulgativas sirve de poco cuando la opción sana resulta inalcanzable para la economía doméstica.

Se da así una peligrosa ecuación: a mayor precio de la fruta, la verdura y el pescado, mayor avance de la malnutrición, la pobreza y la obesidad en las rentas más humildes. Comer mal se ha convertido en una necesidad financiera; comer sano, en un privilegio de clase. La clase trabajadora no abandona la dieta equilibrada por gusto o por falta de educación nutricional, sino por simple y demoledora aritmética presupuestaria.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería y Coordinador de la Delegación en Almeria de 7TV Andalucía

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia", "Más allá del cementerio azul", "Covid19: Diario del confinamiento" y "Por Andalucía Libre: La postverdad construida sobre la lucha por la autonomía andaluza". Y también de las novelas "Todo por la patria", "Una bala en el faro" y "El río que mueve Andorra"