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Pijos
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Pijos

Por Angel Rodríguez Fernández
jueves 20 de agosto de 2026, 10:49h
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Dicen que entra un cocodrilo a una tienda de ropa cara y dice: «¿Tiene un suéter con el dibujo de un pijo en la pechera izquierda?».

La iconografía pija era esa: el Lacoste, el cómic de Snoopy y grupos de música como Hombres G o Mecano.

Una tribu urbana caracterizada por la frivolidad, la superficialidad y el escaso gusto por el trabajo físico o mental. Aunque, por ejemplo, «Cruz de navajas», «Dalai Lama» o «Héroes de la Antártida», tres de los éxitos de Mecano, no son nada superficiales ni, mucho menos, frívolos.

Por entonces era joven y, como ahora, muy de izquierdas, y el pijo era muy de derechas. Creo que o me equivocaba por entonces o es ahora cuando el pijismo ha invadido todo el espectro ideológico, asentando sus posaderas actualmente de forma mayoritaria en la izquierda.

En la estética pija no me pararé mucho, pero ¿no creen que esos cuellos altos de Rufián, el pañuelo palestino de Bardem o el prêt-à-porter de Yolanda Díaz tienen algo que envidiar al Lacoste, la pulsera con los colores de la bandera nacional o el suéter colgado de los hombros de los antiguos pijos?

Más me importan las actuaciones, declaraciones o apuestas políticas que la forma de vestir. Todos los veranos, aprovechando el aniversario del asesinato de Lorca, vuelven los rezos y salmos dedicados a Lorca; perdón, a la homosexualidad y al progresismo de Lorca. Este año se ha añadido incluso una procesión para subrayar su laica santidad.

Los pijos de izquierda, con este arte procesionario, pretenden enterrar a un genio bajo dos aspectos de su personalidad: su homosexualidad y sus ideas políticas. Si no fuera homosexual o si no se pudiera defender su izquierdismo, ¿sería Lorca merecedor de estas loas, oraciones y homenajes? Es una pena que un poeta maravilloso, un dramaturgo excepcional, ande en volandas por pijos que solo desean hacer brillar su homosexualidad y su progresismo.

De lo primero Lorca dio claras muestras en vida; de lo segundo solo les interesa que lo mataran bárbaros de derechas, olvidando que fue a esconderse en casa de otros políticos de derechas y que volvió a Granada porque el Madrid tan revolucionario lo atemorizó; que las iglesias en llamas, por donde Alberti, disfrazado con un mono de trabajo, se paseaba tan ricamente, a él, vestido con la clase que le daba un traje chaqueta de finas telas, una estilosa pajarita y el pelo engominado, le producían terror.

De hecho, otro gran pijo, como el señor Urtasun, quiso en un principio, aunque luego rectificó, dejar fuera de aniversarios al poeta Sánchez Mejías, no sé si por torero, católico o de derechas; creo que por lo primero. Quieren moldear a Lorca a su imagen y semejanza, obviando su complejidad y demostrando, aparentemente, que sus textos literarios les importan bien poco. Sánchez Mejías fue amigo, anfitrión e impulsor de esta generación de escritores que vino a llamarse Generación del 27. Una generación que no dudó en orinarse a los pies del edificio de la Real Academia por discrepancias en el tercer centenario de la muerte de Góngora. No eran intelectuales superficiales, ni pijos, ni fáciles con el poder. Me temo que no podría decir lo mismo de muchos de los que hoy en día se autodenominan intelectuales, a los que añadiría el calificativo de orgánicos, como en tiempos de la dictadura.

Los mismos pijos superficiales y frívolos que distinguen entre hermanos buenos y niegan el pan y la sal a los hermanos malos. Y me refiero a los Machado. Una familia en la que el arte literario les salía por todos los poros de la piel a todos, Antonio, Manuel y Antonio padre, conocido como “Demófilo”.

O que de Unamuno solo les interesan sus últimos meses, víctima de la barbarie fascista, y no meses antes, cuando advertía de la tendencia suicida de una República que él mismo ayudó a proclamar.

Pijos, tanto los de izquierdas como los de derechas, que necesitan pocas ideas, masticadas y digeridas, porque pensar y digerirlas es un proceso demasiado pesado, extenuante para sus vidas llenas de bonhomía a la par que nadería. Pocas ideas, pero agarradas como garrapatas a una sien devorada por un corporativismo frívolo.

¿O creen que, con lo que está cayendo, no es pijería el vídeo de nuestro gran pijo Pedro Sánchez aconsejando un cómic de no sé quién, una novela de yo qué sé y un ensayo de vete a saber qué? Como si no fuera suficiente hundir a los cantantes de su última playlist, dada su pésima popularidad.

O esa tertuliana televisiva, pija también, que en plena crisis en Ceuta les dice a los ceutíes lo bien que están, o la ministra de Sanidad, que viaja a Ceuta a decirles lo fascistas que son. ¿No me digan que no son frívolos y superficiales?

Moverse por tópicos, perder la autocrítica, dejar el pensamiento a cargo de los demás… Decía Unamuno: «¡Que inventen ellos!», pero nunca dijo: «Que piensen ellos». El abandono del pensamiento crítico ha traído carretas de progresistas al pijismo más recalcitrante. Cuanto antes se den cuenta y se bajen, será mejor para ellos, para la izquierda y para todos.