Ceuta se ha convertido en la pasarela de moda de ministros de Pedro Sánchez. Él no estuvo ni dos horas en aquella visita suya, La Mareta era un lugar más cómodo para vivir las vacaciones con familia y amigos invitados, y si es de gorra, menuda bicoca. Por el muro de las lamentaciones en el que se ha convertido Ceuta han pasado ministros y ministras. Los ha habido de todo, unos algo cobardones, otros, caso de Margarita, se atrevió a hablar de la españolidad de Ceuta. Ante la prensa quedó muy bien, hay que reconocerlo, de todos los que han desfilado por la pasarela, es la única que tuvo algo de dignidad, llegó a aguantar en directo las críticas de los ceutíes. Aunque después, a la hora de dar explicaciones en el Senado (¿cuándo lo cierran?), no se atrevió a aparecer, como tampoco lo hicieron sus compañeros. Aseguran que por orden del puto amo.
Se pasan al Senado por el forro de sus caprichos. Si no sirve, volvemos a la de siempre, que lo cierren, y no ahorramos un pastón. Como se pasan por la entrepierna las violaciones de niñas en Ceuta, las agresiones, robos, y el colapso médico que se está viviendo. Pero una de las últimas de hacer el paseíllo por la pasarela ceutí, la ministra de sanidad, la que ha llevado a los médicos a unas cuantas huelgas de ámbito nacional, manifestaba tras bajarse la tarima que las declaraciones de lo ocurrido en la ciudad tienen un tinte xenófobo. Y la mujer se quedaba tan tranquila.
Racismo. Para la ministra lo que están haciendo los ciudadanos es racismo. Y ahí lo dejó. Es duro oír declaraciones cuando las imágenes, que valen más que mil palabras, nos están contando lo contrario. Cuando el miedo se ve en las caras de las mujeres. Pero no, siempre hay alguna voz que desde la península dice en los medios, especialmente en la tele que pagamos entre todos, que ha estado allí y que todo es concordia y tranquilidad. El presidente de Ceuta, el señor Vivas, debe ser un mentiroso a la altura de Pedro, Marlaska, Albares, Mónica, Bolaños, Saiz, Rego y demás modelos que han paseado su palmito por la pasarela trágica de Ceuta. El señor Vivas, como algún edil del Psoe, les lleva la contraria a todos esos modelos de ministros, contando que su hija, dice el socialista, no sale a la calle por el miedo, mientras que el señor Vivas mantiene que es infame lo que se está diciendo desde los distintos ministerios.
Es evidente que los y las modelos que llegan con el visto bueno de Moncloa llevan protección policial, y que ellas y ellos pasean sin miedo por las calles de la ciudad, y lo que les debe sentar a cuerno quemado es que los vecinos los reciban al grito de inútiles, sinvergüenzas y algunas lindezas más. Se lo han ganado a pulso. Colaborar con la política de algunos lleva la cruz de la inutilidad y de la fruta. Pero los vecinos, cuando salen a la calle, no llevan protección, solo un spray de pimienta, ellos son los que sufren las consecuencias de una política que lleva a Ceuta al desastre como ciudad española, por mucho que lo diga la señora Robles, que al final hará con esta ciudad y sus vecinos como con el senado, lo que diga el puto amo.
El dos de septiembre, a las ocho y media de la tarde, convocatoria en las puertas de todos los ayuntamientos. Por Ceuta y con Ceuta.